¿CÓMO MEJORAR TU CEREBRO?

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El cerebro es el único órgano que cambia al instante de acuerdo con la forma en la que la mente se relaciona con él. Puedes relacionarte con tu cerebro positiva o negativamente, y según la manera que elijas, tus neuronas, las sendas neurales y las zonas de alta y baja actividad se verán alteradas.
En pocas palabras, pensar para que tu cerebro funcione mejor es la forma más eficaz de mejorarlo. Otros órganos del cuerpo también responden a los pensamientos positivos o negativos, pero su respuesta debe provenir del cerebro; funciona como el comando central para el resto del cuerpo.
La mejor manera de relacionarte con tu cerebro es inspirándolo; la peor es ignorarlo. Ya que el cerebro acoge cada pensamiento, cada palabra y cada acción; la lista de cosas que entra en cada rubro es larga, pero vale la pena ponerle atención. Descubre cuál de los siguientes es tu caso.
¿Cómo Inspiras a tu Cerebro?
Ten cuidado con el estrés. Evita las rutinas aburridas. Haz algo creativo todos los días. Lee poesía, material espiritual para tu crecimiento o cualquier otra cosa que te haga sentir animado e interesado. Tómate un tiempo para estar en la naturaleza. Relaciónate con otra persona reconfortante. Pon atención en ser feliz. Asegúrate de pasar tiempo a solas cada día para relajarte, meditar y reflexionar. Enfrenta los sentimientos negativos como la ira y la ansiedad. Concéntrate en actividades que te hagan sentir satisfecho. Da algo de ti. Sigue una visión personal. Únete a una causa mayor a ti. Arriésgate a amar y a ser amado. Practica la bondad y la generosidad. Sé agradecido(a) en todo momento.
¿Cómo Ignoras a tu Cerebro?
Aférrate a tu forma de hacer las cosas. No te salgas de la rutina. No veas más allá de tus opiniones, de lo que te gusta y lo que no te gusta. Aíslate de los demás. Da por sentadas tus relaciones. Reconcíliate con la decadencia conforme envejeces. Piensa y vive en el pasado como la mejor parte de tu vida. Olvídate de tus ideales. Actúa bajo impulsos egoístas. No analices lo que te molesta. Cede ante la ira y la ansiedad. Deja que la vida se encargue de sí misma. Déjate llevar por la corriente para relacionarte con la gente. Asume automáticamente que estás en lo correcto. Evita las cosas nuevas o los retos. Soporta el estrés. No tomes riesgos emocionales. Distráete con diversiones insignificantes como ver deportes durante horas. Conformate con lo que eres y con lo que tienes.
La diferencia entre esas dos actitudes, mencionadas arriba, es bastante clara. En el primer caso, ¿Cómo inspiras tu cerebro? consideras que tu cerebro tiene un enorme potencial no aprovechado. En el segundo caso ¿Cómo ignoras a tu cerebro?, asumes que el cerebro funciona en piloto automático.
Es innegable que el cerebro es infinitamente adaptable. Se transforma en cualquier cosa que esperas que sea. Tu relación con tu cerebro jamás será pasiva; siempre estás indicándole que funcione de cierta forma. Así, todo el paquete de creencias, expectativas, gustos y aversiones que tienes dentro crean un cambio – o lo impiden — a nivel de los circuitos cerebrales.
Sobra decir que es mejor inspirar a tu cerebro que ignorarlo. El potencial es algo que no se debe desperdiciar. El primer paso para entablar una mejor relación con tu cerebro es darte cuenta de que existe una relación. Cuando te des cuenta, puedes elegir prestar atención a la relación y alimentarla. Ahora sabes un secreto que incontables personas desconocen. Aprovéchalo! (Deepak Chopra).
Lo que el Corazón quiere, la Mente se lo muestra
Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional.
La Psiconeuroinmunología
Es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mente y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.
Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto “sosteniendo” un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la secreción hormonal.
Dichos cambios, los observamos en la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
¿Cambiar la Mente a través del Cuerpo?
Es necesario controlar o eliminar esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento intelectual. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el por qué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando. Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Santiago Ramón y Cajal
Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos ubicados en Cerebro Emocional. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?
Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto en una comunicación va por debajo de la conciencia.
El miedo nos impide cambiar o no queremos salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer y tener éxito hay que salir de esa zona. Cuando no expresamos (o expresamos mal) con palabras lo que sentimos nuestro cuerpo lo expresará mediante un síntoma o enfermedad.
La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente
Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra vida desde vientre de nuestra madre en forma de programas inconscientes. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
Por ejemplo: Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos, alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia. Y para ello debemos ser coherentes con lo que creemos, pensamos, decimos y actuamos. (Lea en este blog el artículo “El Poder de la Coherencia”).
Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos. Cada persona crea su propia realidad.