¿CÓMO SANAR LA RELACIÓN CON EL PADRE?

¿CÓMO SANAR LA RELACIÓN CON EL PADRE?

La poderosa influencia de un padre sobre sus hijos es única e irremplazable. Los estudios demuestran una serie de diferencias cualitativas entre los niños que han crecido con o sin padre.

Los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre interesado en su vida académica, emocional y personal, tienen mayores coeficientes intelectuales y mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor autocontrol; sufren menos dificultades de comportamiento en la adolescencia; sacan mejores notas; son más líderes; tienen el autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía y sentimientos de compasión hacia los demás; y cuando se casan tienen matrimonios más estables.

La figura del padre representa, para cada uno de nosotros, la seguridad, el mundo de afuera, la socialización, él es el modelo a seguir para formar nuestra identidad, y además nos enseña los patrones de provisión, es decir, cómo entrar al mundo del trabajo y la producción de bienes materiales. Por lo tanto, según como haya sido la relación con nuestro padre, en cada una de esas áreas, estaremos fortalecidos o no para enfrentar la vida.

La figura del padre se asocia, además, a la internalización de las normas y al ‘deber ser’, lo que facilita el proceso de integración en una sociedad donde se deben respetar y seguir ciertas reglas para una buena convivencia.

¿Cómo afecta la ausencia de la figura paterna?

Esto puede provocar una mayor dificultad para lograr un vínculo sano en las relaciones interpersonales, y para adquirir una visión de mundo más integrada. Además, falta un modelo cercano de relación heterosexual satisfactoria, entre otras cosas.

¿Influye igual a niños y niñas?

Para el hijo, especialmente, es un referente de identidad masculina al cual toma como modelo para ir definiendo su forma de ser, de actuar, sus intereses, su identidad sexual y su forma de ver el mundo, entre otros.

Para las hijas el padre será también modelo de lo masculino, necesario para incorporar aquellos aspectos masculinos que pueden estar presentes en ella y que le sirven, por ejemplo, para saber poner límites en la relación con otros haciéndose respetar con mayor claridad y firmeza (por ejemplo, con sus pololos respecto al acercamiento sexual, en donde la mujer tiende a ser utilizada o exigida). Para las hijas, también la relación de su padre con su madre será un patrón de referencia de la relación de pareja.

La hija necesita sentirse amada por el padre, verlo como un líder y saber que le proporciona seguridad. Ahora, si la hija ha carecido de esa compañía del padre, cuando es adulta, busca en su pareja esa figura paterna que antes no tuvo. Es también por eso que vemos niñas muy jóvenes involucrándose en relaciones de pareja inmaduras.

¿Una mamá puede reemplazar al papá?

No, una mamá debe preocuparse de ser buena madre, más no una madre tóxica (ver el artículo ¿LAS MADRES SON TÓXICAS? en éste blog). Si bien puede cumplir algunos roles adjudicados culturalmente más a la figura paterna, no debe pretender reemplazarlo o desdoblarse en desempeñar ambos roles.

Asimismo, si el papá no está presente -por fallecimiento o separación- no significa que no haya existido, o que no esté presente de alguna manera en el pensamiento del niño. Se buscará rescatar los aspectos positivos de la relación que existió, y así tratar de fortalecer otras figuras adultas masculinas que puedan ser significativas para el niño o niña. Entonces, Si el papá no está, ¿es recomendable intentar reemplazar la figura paterna por un tío o abuelo? Se debe validar y valorar lo que esté presente del padre y, existiendo aquello, facilitar que también se den esas otras relaciones con figuras masculinas adultas de confianza, y cercanas afectivamente, incluyendo la nueva pareja de la mamá que puede actuar como padrastro, es de gran valor emocional para los hijos.

El doble papel de la madre de ser también papá, no es saludable para los hijos. Porque en éste caso la madre se vuelve tóxica, es decir, o es demasiado protectora o demasiado rígida y severa.

Toda esta situación en cuando a sanar la relación con el padre, puede trascenderse y liberarse en el momento que el hijo y la hija se hagan conscientes de ello, y comiencen a rescatar su papel, masculino o femenino en sus vidas.

No juzgar ni comparar al padre te ayudará a sanar

Lo que es tu padre contigo en el presente, es lo que fueron con él en el pasado. Juzgar, señalar o comparar al padre es fácil, cuando el hijo o hija no conocen claramente que ha pasado en la vida del padre, porque él es también un ser humano que comete errores y aciertos. Es decir, juzgar no arregla nada en tu proceso de sanación, solo empeora tus emociones y sentimientos.

Las debilidades del padre, si las concientizamos, nos pueden ayudar a ser más fuertes porque nos sirven de referente para no cometer los mismos errores en el futuro.

¿Cómo perdonar al padre? Lo primero es entendiendo la causa por la cual el padre hizo lo que hizo. Lo segundo es revisar la historia del padre, explorar qué le pasó cuando fue hijo, cómo fue su entorno familiar y social. Es hacerse consciente de la historia del padre, porque es ahí donde está la causa de su comportamiento, porque nadie nace con malos pensamientos ni con malos sentimientos. No existe el gen de la maldad. Entendiendo esto podemos perdonar, porque el padre es un ser humano. No lo podemos juzgar desde su rol de padre.

Recuerda: quien comprende todo, lo perdona todo. Sanar la relación con el padre tiene que ver con comprender su historia, honrarlo por el simple hecho de ser el padre y desapegarse de pensar que lo que nosotros pensamos es lo que debería ser y no lo que es en realidad. Desapegarse es dejar de pedir, reclamar o quejarse. Desapego significa actuar como seres humanos maduros y tomar nuestra propia responsabilidad.

No importa si tu padre te abandonó o fue sobreprotector, un héroe o un fracaso. Eso se puede trascender, liberar y sanar si lo comprendemos, perdonamos y desapegamos, y nos enfocamos en ser ese padre que hubiéramos querido tener.

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