DOMINA TU EGO

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El ego es, para la psicología, la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como YO, y es consciente de su propia identidad. El ego, por lo tanto, es el punto de referencia de los fenómenos físicos, y es el puente, entre la realidad del mundo exterior, los ideales del Superyó y los instintos del Ello.
Para el psicoanálisis freudiano el Ello (id) está compuesto por los deseos y los impulsos. El Superyó (super ego), en cambio, está formado por la moral y las reglas que un sujeto respeta en la sociedad. El YO (ego), por último, es el equilibrio que permite que el hombre pueda satisfacer sus necesidades dentro de los parámetros sociales.
Las personas que viven dominadas por el Ego están engañadas, se creen superiores y no ven la realidad. Es un error de pensamiento que intenta hacer una presentación de cómo a usted le gustaría ser, en vez de cómo es usted en realidad.
El Ego, ¿Enemigo o Aliado?
Todas las personas tenemos Ego, y esta forma del ser es parte de nuestra evolución. Sin embargo no es algo que tenemos que extirpar como un apéndice que no debiera ser parte de nosotros. No es algo malo que tengamos que destruir. El Ego no es un enemigo, pero se puede convertir en un enemigo nuestro, cuando es un Ego mal educado.
El Ego nos muestra aquello que debemos mejorar o trabajar para relacionarnos mejor con nosotros  mismos y con los demás. Es similar a un semáforo: cuando somos coherentes y vemos la vida desde la fuerza del amor y en paz, el Ego es Verde. Cuando nos alejamos de nuestro centro y estamos siendo incoherentes, el Ego es Amarillo. Cuando estamos yendo en contra nuestra y olvidamos que merecemos lo mejor, que somos creativos y nos desvalorizamos, el Ego es Rojo.
Cuando no presto atención a ese semáforo, debido a mi falta de conciencia de que el Ego es una fuerza muy poderosa dentro de mí, para bien o para mal, entonces ese Ego se convierte en un monstruo. Es decir, pasa de ser mi aliado y mi comunicador, a ser mi propio enemigo.
Un Ego bien educado va percibir toda experiencia de vida, mala o buena, como una oportunidad para aprender y mejorar. No se infla, no se enorgullece si alguien te valora. Ni se preocupa si alguien no te valora. Este Ego sabe conservar con serenidad todo tipo de evento. Por el contrario, un Ego mal educado, es un Ego reactivo: se siente atacado por todo, siempre ve una realidad que solo él puede ver, pero no es la realidad. Anda a la defensiva con las demás personas, se siente víctima y en ocasiones inventa “sus propias películas” y dramas. Un Ego así es tu propio enemigo.
Las personas siempre estamos buscando seguridad en todo. Lo cual es mera ilusión, porque en verdad no podemos controlar lo que nos pasa a diario. Pero para sentir esa falsa seguridad, recurrimos al Ego mal educado, y El nos dará la razón para actuar de la forma como actuamos. Esta es la llamada zona de comodidad, donde “yo tengo la razón” por encima de los demás y yo permito que mi Ego me lo refuerce cada vez que necesito demostrar “quién soy” a los demás.
¿Quieres conocer tu propio Ego? Fíjate como reaccionas todo el tiempo con todo lo que te pasa. ¿Cuáles son tus patrones de comportamiento ante los problemas? Criticas, juzgas al mundo, haces chismes, insultas, desprecias a otros, te sientes menos, etc. O no?
Reflexiones para Educar el Ego
1. La Voluntad y/o Disciplina: es comprometerse consigo mismo para alcanzar las metas que quieres alcanzar. Trabajar con entusiasmo cada día.
2. El Valor: es ser consciente de mi abundancia y mi capacidad de crear. Salirse del victimismo.
3. La Honestidad: es decirte a ti la verdad de lo que sientes. Has todo con sinceridad y honestidad.
4. La Coherencia: es creer, pensar, sentir y hacer de la misma manera. Es tener un pensamiento en línea. Es vivir y pensar sin contradicciones.
5. La Responsabilidad: es no echarle la culpa a los demás por lo que me pasa. Soy responsable de mis actos y asumo las consecuencias.
6. Prestar Atención: es tener conciencia de tu propio cuerpo. Disfruta todo lo que haces y saber desde dónde lo haces. Obsérvate constantemente y ámate. Conócete a ti mismo profundamente. Siente profundamente cómo eres!
Aquí tienes algunas recomendaciones para ayudarte a trascender esas arraigadas ideas sobre el Ego.
 • Sé Libre de la Ofensa
La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende solo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu Universal de la Creación. No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz. Como nos recuerda el libro Un Curso de Milagros, “la paz es de Dios; quienes formáis parte de Dios no estáis a gusto salvo en su paz”. Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.
 • Sé Libre de la Necesidad de Ganar
Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y le va mejor que a ti, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable. Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes por qué estar allí con tus pensamientos.
No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía. Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día. Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor. Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder.
Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.
 • Sé Libre de la Necesidad de Tener Razón
El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad. Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto como acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: ¿Qué quiero, ser feliz o tener la razón?
Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente Universal, El Espíritu Santo, empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves.
 • Sé Libre de la Necesidad de Ser Superior
La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: “Todos somos iguales ante los ojos de Dios”.
Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a Dios revelándose en todos. No valores a los demás basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros valores impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. Las personas tienen esa necesidad de ser especiales y superiores: El sentirse especial siempre establece comparaciones. Se produce por una carencia que se ve en el otro y que se mantiene buscando y no perdiendo de vista las carencias que puede percibir.
 • Sé Libre de la Necesidad de Tener Más
El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir como utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te llegara más de lo que deseas.
Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. La Fuente universal está satisfecha de si misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la Fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio San Francisco de Asis: … es dar cuando recibimos. Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.
 • Sé Libre de la Necesidad de Identificarte con tus Logros
Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros son lo mismo. Dios escribe toda la música, Dios canta todas las canciones, Dios construye todos los edificios. Dios es la fuente de todos tus logros. Y ya oigo las protestas de tu ego, pero sigue sintonizado con esta idea. Todo emana de la Fuente, el Espíritu de Dios. Tú y tu Fuente son uno y lo mismo. No eres ese cuerpo y sus logros.
Eres el observador. Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada. Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros más conectado estarás con Dios, más libre serás de conseguir cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te apegas a esos logros y crees que lo estás consiguiendo tú solo es cuando abandonas la paz y la gratitud de tu Fuente.
 • Sé Libre de tu Fama
La fama u opinión que tienes de ti mismo(a), no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas u opiniones distintas sobre ti. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. Así funciona el ego. Es una ilusión que se alza entre ti y la Fuerza de la intención.
No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Haz lo que haces según la orientación de tu voz interior, siempre conectada con el Espíritu Santo y agradecida a El. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en ti: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama o de lo que opinen sobre ti; no tiene nada que ver contigo.