EL AUTOSABOTAJE: Miedo e Indecisión

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Juan ha quedado con una chica que le gusta mucho, sin embargo momentos antes de la cita no se encuentra muy bien y la anula. María ha iniciado un nuevo proyecto que puede suponer un gran cambio y avance en su vida, pero nunca tiene tiempo de acabarlo.

En numerosas ocasiones las personas se ven envueltas en este tipo de dinámicas. En ciertos casos las circunstancias realmente no le favorecen; sin embargo en la mayoría de ocasiones el principal obstáculo es la propia persona, la cual por miedo a los futuros cambios cae presa del autosabotaje.

¿Qué es el Autosabotaje?

El autosabotaje y todas aquellas conductas que están relacionadas con él, son actos inconscientes que aparecen en los momentos que pueden suponer un gran cambio en la vida de las personas, sea del tipo que sea. Estas conductas tienden a obstaculizar la consecución de metas o logros mediante auto-manipulaciones inconscientes.
El objetivo del autosabotaje es mantener a la persona dentro de su zona de confort, dentro de la cual todo es fácil o, al menos, previsible. Es también un tipo de mecanismo de defensa inconsciente a través del cual la persona intenta evitar posibles sufrimientos futuros, situaciones de estrés o situaciones desconocidas.
Pensamientos que nos sabotean

A veces el peor enemigo del desarrollo personal es uno mismo, por culpa de las trampas mentales.
¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida algún pensamiento del tipo “no voy a ser capaz de aprobar ese examen”, “nunca voy a conseguir un buen trabajo”, “no valgo para nada”, “seguro que caigo mal a mi compañero de trabajo” o “no voy a encontrar una pareja nunca”? Este tipo de pensamientos son conocidos, en psicología, bajo el nombre de creencias irracionales.

Estos pensamientos pueden aparecer en ocasiones de forma aislada, pero se convierten en un problema cuando son reiterados y tan constantes que limitan y bloquean a la persona en determinadas facetas y actividades de la vida diaria. Como por ejemplo: en el ámbito laboral, a la hora de establecer relaciones sociales, hablando en público o incluso ante el cuidado de los hijos.
Así, lo peor de estas creencias no es solo el hecho en sí de que son irracionales, sino que actúan bloqueándonos, como pensamientos que nos sabotean y limitan.

Los pensamientos limitantes

Desde que llegamos al mundo, a través de la educación recibida y de las relaciones establecidas, desarrollamos una forma de pensar y creamos unos esquemas de pensamiento en relación a las experiencias y situaciones vividas. A través de estos esquemas nosotros vamos a interpretar la información recibida de cada situación que vivamos, siendo para nosotros una interpretación objetiva y basada en la realidad. Sin embargo el simple hecho de disponer de unos esquemas de pensamiento determinados y no otros hace que siempre experimentemos lo que nos ocurre de forma subjetiva.
Eso no significa que nuestra forma de pensar esté totalmente «despegada» de la realidad, por supuesto que no. Algunas de nuestras creencias, a pesar de no corresponderse perfectamente con la realidad, son lo suficientemente realistas como para funcionarnos. Sin embargo, otras son en gran parte irracionales.
Estas creencias irracionales son malinterpretaciones de lo que ocurre a nuestro alrededor. Son pensamientos negativos y automáticos, que quedan fuera de nuestro control, es como si nuestra mente nos estuviese boicoteando. Son estos pensamientos los que nos pueden llevar a desarrollar estados de ánimo disfuncionales y generar un gran malestar, sin ser conscientes de ello, ya que para nosotros nuestros pensamientos son la realidad.

Un ejemplo

A partir de un estímulo específico se activará un pensamiento, y a partir de este se generará una cadena de eventos. El pensamiento es generador de una emoción y la emoción dará lugar a un sentimiento y éste a su vez a una conducta.
Por ejemplo, pensemos en una persona que va en metro cuando de repente el metro se queda parado en el túnel por una avería y los pasajeros pasan más de treinta minutos encerrados en el vagón. Una vez pasado este episodio, esta persona al día siguiente subirá al metro, de nuevo, para dirigirse a su trabajo.
Una vez dentro del vagón comienzan a disparársele pensamientos negativos y automáticos constantes del tipo “seguro que el metro hoy se vuelve a quedar parado”, “como vuelva a pararse a mi me da algo”, “yo no aguanto aquí metido y encima con tanta gente”.
Estos pensamientos comienzan a generar un gran malestar en él, comienza a sentir que la falta el aire, que no puede respirar, el corazón se le acelera, síntomas los cuáles le hacen preocuparse más y que estos “pensamientos autoboicoteadores” aumenten por momentos convirtiéndose en un círculo que es imparable para la persona.

El hombre decide que la mejor idea será bajarse del vagón en la siguiente parada aunque no sea la suya, una vez fuera se encuentra mucho mejor y los pensamientos disminuyen. Esto es una conducta de evitación, viéndose en este ejemplo hasta ¿qué punto estos pensamientos pueden ser limitantes?

La indefensión aprendida

Si nos acostumbramos a alimentar este tipo de creencias irracionales, caemos en la trampa; los pensamientos limitantes acaban dominándonos, es decir, perdemos el control sobre ellos y se convierten en una auténtica bomba de relojería para nosotros. Nos dejamos llevar totalmente por ellos. ¿Por qué? Porque para nosotros es nuestra realidad, es lo que hemos aprendido a interpretar a partir de una situación determinada.
Y es que nuestro cerebro siempre va más allá hasta convertir dicha situación en algo catastrófico y sin solución. Cuando estamos en este punto podemos actuar de una manera pasiva, es decir, vemos que no hay nada que hacer. Esto en psicología se conoce como indefensión aprendida; la persona se inhibe ante determinadas situaciones debido a la sensación que tiene de no poder hacer nada y no responde a pesar de que hay oportunidades para cambiar la situación la cual evita.
Esto puede pasar por ejemplo ante un tipo de error cognitivo conocido como adivinación del pensamiento, por ejemplo, alguien habrá pensado más de una vez “para que voy a estudiar si siempre suspendo esta asignatura”. Hay una posibilidad real de que la persona pueda hacer algo ante esta situación, quizás necesita estudiar o esforzarse más que con otras asignaturas, pero su pensamiento es que jamás conseguirá aprobarlo.
Esta idea habrá aparecido a partir de experiencias previas donde ha podido suspender varias veces, apareciendo probablemente la distorsión cognitiva de tipo catastrofista “nunca voy aprobar esta asignatura, iré en septiembre, pero en septiembre tampoco aprobaré y finalmente nunca podré sacarme la carrera”. Esta posición pasiva que adoptamos ante la situación puede llevarnos a una tristeza profunda e incluso a desarrollar sentimientos depresivos, para que veas la fuerza que puede tener nuestros pensamientos sobre nosotros mismos.

Causas del Autosabotaje
• Tener problemas para priorizar los objetivos.
• Falta de autocontrol.
• Falta de motivación o altas presiones durante la infancia.
• No saber realmente qué es lo que se quiere conseguir.
• Baja autoestima.
• Falta de seguridad en uno mismo.
• Creencias limitantes de que la persona no merece el propio éxito.
• Objetivos impuestos por terceros.
• Temor al fracaso.
• Temor al cambio y salir de la zona de confort.
• Conflictos internos.
• Temor a no estar a la altura de las expectativas de los otros.
Todas estas señales, creencias y huellas que habitan en la mente de la persona aparecen de forma inesperada, adquiriendo el control sobre la persona y sus conductas e interfiriendo en los proyectos y posibilidades de evolución de esta.
El autosabotaje es una manifestación de todos aquellos aspectos que la persona no consigue aceptar de ella misma, todas aquellas creencias basadas en miedos y que, a lo largo del tiempo, a fuerza de no ser confrontadas, han ganado peso y poder dentro de ella.
Por lo tanto, estos pensamiento obsesivos y comportamientos dañinos son solamente un síntoma de que existe algo en lo profundo del pensamiento que debe ser examinado. Aunque en muchas ocasiones el hurgar en estos pensamientos no resulte agradable, esta evaluación de uno mismo puede ser una oportunidad para avanzar y para aprender a afrontar cualquier situación futura que se le presente.

Características del Autosabotaje

Existen una serie de características definitorias del autosabotaje, las cuales propician que este aparezca antes ciertas situaciones pero no ante otras. Es decir, una persona que se autosabotea inconscientemente a la hora de enfrentarse a determinado aspecto o circunstancia de su vida no tiene por qué hacerlo en todos los demás.
Estas conductas auto-saboteadoras aparecen sobre todo ante situaciones que implican una gran responsabilidad o cuando la persona debe tomar una decisión importante la cual implicará algún tipo de cambio en su vida. Los síntomas o manifestaciones que experimenta una persona que es presa del autosabotaje incluyen:
• Miedo intenso.
• Inseguridad.
• Sensación de falta de control.
• Recelo de uno mismo o falta de autoconfianza.
Sin embargo, es perfectamente normal que la persona perciba todas estas sensaciones cuando está a punto de sufrir algún tipo de cambio en su vida, es algo que todo el mundo experimenta en menor o mayor grado.
La principal diferencia entre las personas que se autosabotean y las que no, es que aquellas que lo hacen se dejan llevar por el miedo y por sus creencias de que no lo van a conseguir, mientras que las otras son capaces de dejar atrás estos temores y de sobreponerse a todos los pensamientos que les generan inseguridad.
Lo más importante a la hora de enfrentarse a cualquier tipo de eventualidad o transformación no es esquivar o rehuir este miedo, sino ser consciente de él y actuar de manera consecuente, sin dejar que éste invada nuestra mente.
Cuando la persona toma consciencia tanto de sus miedos como de sus propias creencias, en muchos casos irracionales, es mucho más sencillo elegir las decisiones más acertadas y evitar llevar a cabo acciones saboteadoras que detengan u obstruyan sus aspiraciones.

Tipos de autosabotaje

Existen cuatro clases de autosabotaje, los cuales se clasifican según el tipo de conducta que lleve a cabo la persona.
1. No finalizar las cosas
En estos casos la persona inicia un gran número de retos o proyectos los cuales acaba dejando a medias o, incluso, abandonando. Habitualmente, la persona tiende a dedicar numerosas horas de trabajo y esfuerzo, para luego desistir cuando está a punto de conseguirlo.
La explicación que se encuentra para este fenómeno es que si la persona no acaba este o cualquier otro proyecto, nunca tendrá que enfrentarse a la posibilidad de fracasar o a no saber estar a la altura de las posteriores exigencias que este éxito le acarreará.
Sin embargo, lo que realmente ocurre es que esta persona nunca será consciente de su potencial, y al mismo tiempo se percibirá como una persona mediocre y sin competencias.
2. Procrastinación
De la procrastinación se dice que es el arte de posponer las cosas. Consiste en el hábito de postergar o retrasar aquellas actividades que la persona debe atender necesariamente, reemplazándolas por otras menos significativas o más sencillas y atractivas.
Este hábito es un de los más comunes dentro de la población, y las razones para llevarlo a cabo son de lo más variadas. Algunas de estas razones pueden ser que a la persona no le guste realmente la tarea a llevar a cabo o bien, y esta es la razón más extendida dentro del ámbito de los proyectos personales y profesionales, que la persona experimente un temor al resultado final.
De esta forma, si la persona va aplazando la realización de la tarea y no invierte todos los esfuerzos y recursos necesarios tendrá una justificación si esta no resulta como ella esperaba. Dicho de otra manera, si la persona dedica todo su tiempo y empeño en conseguir algo y aún así no lo logra, pondrá de manifiesto su supuesta incompetencia, por lo tanto si no se esfuerza esto le servirá de excusa ante el fracaso.
3. Perfeccionismo
El perfeccionismo o la excusa ideal para no acabar nunca. Bajo el escudo del perfeccionismo la persona encuentra la excusa perfecta para no avanzar, sin que parezca que realmente no sabe si quiere conseguir aquello por lo que está trabajando.
Existen dos posibilidades dentro de la excusa del perfeccionismo. O bien que la persona piense que como no puede hacer alguna cosa de manera perfecta directamente no lo haga, o bien que mediante constantes revisiones y cambios evite acabar el proyecto.
4. Excusas
Además de todo lo anterior, la persona puede llegar a encontrar un gran número de excusas que le justifiquen no enfrentarse a cualquier cambio o posible riesgo. Estas excusas pueden ser desde la falta de tiempo, de recursos económicos, la edad, etc.

 

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