ENTENDIENDO LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

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La depresión y la ansiedad son trastornos psicológicos relacionados con el dolor físico. Un estudio reciente elaborado en centros de atención primaria de España revela que el 90% de los pacientes estudiados que padecían estos dos trastornos a la vez, o ansiedad y dolor físico, habían acudido a la consulta de su médico, por lo menos, una vez en los últimos tres meses. No obstante, los facultativos sólo asociaron los síntomas psíquicos con el dolor en menos del 40% de los casos. El sufrimiento que generan los trastornos mentales no sólo es psicológico, sino que el organismo también sufre.
La depresión es el trastorno psicológico más frecuente. Se estima que en España sufren esta enfermedad entre cuatro y seis millones de personas. En todo el mundo, se diagnostica a cerca de 340 millones. Se prevé que será la segunda patología más frecuente en el año 2020.
La ansiedad es un trastorno que todas las personas experimentan, al menos de forma puntual, en algún momento de su vida. Es un estado emocional desagradable que se acompaña de cambios fisiológicos, como aumento del ritmo cardiaco o de sudoración, y que no siempre tiene una causa clara.
¿Qué es la Ansiedad?
La ansiedad es un temor sin motivo. La persona que la padece vive en la dolorosa espera de un peligro impreciso e imprevisible. La ansiedad tiene en su origen una mezcla de muchos factores, algunos biológicos, otros psicológicos, algunos generales y otros específicos de la fobia o situación temida. Esto no es matemático, un solo factor mencionado no es suficiente pero si puede ser determinante si se suma a otros factores para que una persona desarrolle un trastorno de ansiedad.
La ansiedad tiene como efecto en la persona que la sufre el bloqueo de la capacidad de vivir el momento presente. Se preocupa sin cesar. Habla mucho de su pasado, de lo que aprendió, vivió, o de lo que le sucedió a otro. Esta persona tiene una imaginación fértil y pasa mucho tiempo imaginando cosas que ni siquiera es probable que ocurran. Se mantiene al acecho de señales que prueben que tiene razón para preocuparse.
Tan pronto como sientas que entras en una crisis de ansiedad, toma consciencia de que es tu imaginación la que toma el poder, la que te impide disfrutar el momento presente. Decídete a no tener que demostrar nada. Sé tú mismo, con tus errores y cualidades, como todo el mundo.
Déjate ir ante lo desconocido, confinado en que tu intuición sabrá guiarte si le das la oportunidad. También puede resultarte benéfico confiar más en las personas que te rodean. Permíteles ayudarte a su manera. Esta ansiedad también puede ser ocasionada por una crisis de agorafobia, es decir, el miedo a las situaciones en las que la persona percibe que pueda resultarle difícil o embarazoso escapar, o pueda no disponer de ayuda en el caso de sufrir un ataque de pánico (crisis de ansiedad) o síntomas similares a este.
Síntomas de la persona Ansiosa
La ansiedad es cierto miedo a lo desconocido que puede acercarse del estado de angustia. Se manifiesta por ciertos síntomas: dolores de cabeza, calores, ver obstáculos en todo, palpitaciones nerviosas, grandes transpiraciones, tensiones, aumento del caudal de la voz, llantos e incluso insomnios. Si soy ansioso, puedo vivir el “estremecimiento de la angustia”: este estremecimiento procede del frío y me recuerda que tengo miedo. Es una enfermedad que me aprieta la garganta, que me hacer perder el dominio de mí mismo y el control de los acontecimientos de mi vida, impidiéndome usar el sentido común y el discernimiento.
También puedo sentir o bien un desequilibrio, o bien una desconexión entre el mundo físico en el cual puedo tener cierto control y mis percepciones con relación al mundo inmaterial para las cuales no siempre tengo explicaciones o comprensión racional. Ya no tengo el control: ¡el “cielo me puede caer encima” en cualquier momento!
Si mi atención está constantemente centrada en el miedo de esto o de lo otro, es cierto que viviré ansiedad que puede estar relacionada, de cerca o de lejos, con lo que se acerca al miedo a la muerte o a lo que podría recordármela. La muerte, las cosas que ignoro o que no veo, pero que pueden existir, hacen sentir en mí este miedo.
Solución: incluso si sientes temor a lo desconocido y si niegas inconscientemente la vida y su proceso, pon ahora tu atención sobre esto: ten fe en que te está sucediendo lo mejor, para ti, en el instante presente y en el porvenir. Deja tus preocupaciones en manos de Dios. Los síntomas desaparecerán, así como el miedo a morir.
Tan pronto como sientas que entras en una crisis de ansiedad, toma consciencia de que es tu imaginación la que toma el poder, la que te impide disfrutar el momento presente. Decídete a no tener que demostrar nada. Sé tú mismo, con tus errores y cualidades, como todo el mundo. Déjate ir ante lo desconocido, confinado en que tu intuición sabrá guiarte si le das la oportunidad. También puede resultarte benéfico confiar más en las personas que te rodean. Permíteles ayudarte a su manera.
¿Qué es la Depresión?
Un equipo de psiquiatras franceses acaba de presentar un estudio en donde se confirma que la depresión está relacionada con problemas en regiones específicas del cerebro encargadas del control cognitivo y las respuestas emocionales. Para llegar a los resultados, los investigadores se centraron en el análisis de imágenes del cerebro obtenidas por resonancia magnética.
El estudio muestra que los pacientes que sufren depresión tienen una activación anormal del córtex prefrontal medio. Las alteraciones en esa zona del cerebro pueden explicar algunas dolencias específicas de pacientes con depresión, como el sentimiento de culpa o la reflexión excesiva.
La depresión implica una profunda tristeza interior, una acumulación de emociones inhibidas provocando un conflicto entre el cuerpo y la mente. Esta enfermedad está conectada con un suceso señalado de mi vida. La depresión se traduce por desvalorización y culpabilidad que me corroen por dentro. Si soy depresivo, me siento miserable, menos que nada. Vivo en el pasado constantemente y tengo dificutad en salir de él. El presente y el porvenir no existen. Es importante efectuar un cambio ahora en mi modo de ver las cosas porque ya no es como antes.
Es el medio que una persona utiliza para no sentir presión, sobre todo afectiva. No puede más; ha llegado a su límite.  La persona con tendencias depresivas tiene conflictos pendientes de resolver con su progenitor del género contrario. Esto explica que muy a menudo ataque a su cónyuge, en quien establece la transferencia. Lo que esta persona hace sentir a su pareja es lo que hubiera querido hacerle a su padre o a su madre, pero se contuvo. Al rechazar ayuda, la persona depresiva continúa alimentando su rencor o su ira hacia ese padre o esa madre, y se hunde en su dolor.
La gravedad del estado depresivo refleja la intensidad con la que se vivió la herida siendo niño. Las heridas pueden ser las siguientes: rechazo, abandono, humillación, traición o injusticia Para ocasionar un desequilibrio mental tan grande como la depresión y la psicosis maniaco-depresiva, el dolor tuvo que ser vivido en aislamiento. Esta persona no tuvo con quien hablar en su infancia, alguien que escuchara sus preguntas y sus angustias. Tampoco aprendió a confiar en los demás, bloqueó sus deseos y se replegó finalmente sobre sí misma, mientras aumentaba su sentimiento de rencor o de ira.
Síntomas de la persona Depresiva
Los principales síntomas de la depresión son la pérdida de interés y de placer en las actividades habituales, un sentimiento de desesperación o de abatimiento asociado a la fatiga o a una disminución de energía, menor capacidad de concentración, indiferencia, desinterés, desánimo, repliegue sobre sí mismo y rumiación mental. Por lo general, el individuo que la padece no quiere pedir ayuda; prefiere que los demás sean quienes cambien. Duerme mal, incluso con la ayuda de somníferos. Habla poco y tiene tendencia a huir del mundo. Incluso puede tener ideas suicidas. Con frecuencia se confunde la depresión con el agotamiento.
En general, la persona depresiva no quiere ayudarse ni pedir ayuda, por lo que quienes la rodean son los que intentan resolver su problema. Si eres uno de ellos, te sugiero que seas muy firme con ella y le digas que nadie en el mundo puede sacarla adelante de manera definitiva, excepto ella misma.
Solución: debo ir a la causa de la depresión. A partir de ahora, comprendo que soy un ser único. Tengo valores interiores excepcionales. Puedo retomar el control de mí mismo y de mi vida. Tengo elección de “soltar” o de “luchar”. Tengo todo lo necesario para cambiar mi destino. Responsabilizándole, adquiero más libertad y mis esfuerzos están recompensados.
Relajación profunda. Reconciliación con nuestro objetivo en la vida. No entrar en esos pensamientos tóxicos y obsesivos. Luchar por lo que quieres o deseas.
La ansiedad, el estrés y la depresión actúan sobre distintas hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas enfermedades. Un ejemplo serían los estudios que relacionan el estrés con el cáncer. En este sentido, se ha demostrado que éste puede influir tanto en el origen como en el curso de la enfermedad. Del mismo modo, se ha demostrado que las personas que padecen depresión presentan una debilitación del sistema inmunológico o de defensa, con lo que pueden enfermar con más facilidad o bien les puede ser más difícil recuperarse de ciertas enfermedades.
Veamos que síntomas pueden provocar la ansiedad o la depresión en algunos sistemas de nuestro organismo:
• En el sistema nervioso pueden provocar dolores de cabeza, mareos, vértigos, desmayos, hormigueos, parálisis musculares, etc.
• En nuestros sentidos pueden llegar a provocarnos ceguera, visión doble, afonía, etc.
• En el sistema circulatorio producen palpitaciones y taquicardias.
• En el sistema respiratorio pueden causar sensación de ahogo, dolor u opresión en el pecho, etc.
• En el sistema digestivo pueden producir sequedad de boca, sensación de atragantamiento, náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, etc.
• En el sistema osteomuscular es común que provoquen tensión muscular, dolor muscular, cansancio, etc
Muchas enfermedades físicas están estrechamente relacionadas con el estrés. Entre ellas encontramos: la hipertensión, distintas enfermedades coronarias, el asma, la gripe, el cáncer, el hiper y el hipotiroidismo, las úlceras de estómago, el síndrome del intestino irritable, Cefaleas, el dolor crónico, contracturas musculares, impotencia, etc.
Tras observar que la depresión, la ansiedad y el estrés, entre otros, son factores que influyen tanto el origen, el mantenimiento y la evolución de distintas patologías físicas, es más fácil comprender la influencia de nuestra mente sobre nuestro cuerpo.
El cuerpo de una persona viva debe su funcionamiento a dos instancias inmateriales: Conciencia (Alma) y Vida (Espíritu). La conciencia emite la información que se manifiesta y se hace visible en el cuerpo.