LA ACEPTACIÓN DE UNO MISMO

Nos han enseñado, a través de la educación, a valorarnos a nosotros mismos y a los demás en función de los logros conseguidos, de nuestro estatus social, nuestro físico o de lo que los demás piensen acerca de nosotros. Cuando nos evaluamos y nos otorgamos valor en función de características y hechos externos estamos condenados al sufrimiento. En primer lugar, porque no hay nada externo que sea permanente: hoy eres guapo y tienes éxito con las mujeres, pero mañana sufres un accidente de tráfico y tu rostro queda desfigurado.
Hoy tienes un trabajo estable y una buena posición social y mañana lo pierdes todo. Por otro lado, si dependemos del exterior para considerarnos como valiosos, estaremos siempre muy presionados y ansiosos, buscando esa aprobación, esa posición, esa belleza tan anhelada, lo que nos puede llevar a obsesionarnos y pasarlo realmente mal, porque por otro lado, cuanto más consigamos, más necesitaremos y el ser humano es incansable con tal de engordar su ego.

Nuestro valor nace en nuestro interior

Las personas que buscan incansablemente su valor a través de lo exterior, en lugar de en su propio interior, aún no han comprendido que son valiosas por el simple hecho de ser un ser humano. Su valor ya quedó fijado el día que vieron la luz por primera vez y no depende de nada más. Toda la vida nos han querido vender lo contrario y al final nos los hemos creído.
No hay aceptación completa, de nosotros mismos, si no somos capaces de conscientizar que somos la persona alegre que queremos ser, pero también la triste que a veces escapa. Somos la persona dócil que intenta agradar y la hostil que daña. La valiente que lucha diariamente por los suyos y la cobarde que no quiere enfrentar sus miedos.
Somos, en cada uno de nuestros aspectos, polaridad entre dos extremos. Y si no aceptamos el miedo, no desarrollaremos la valentía. Si no aceptamos la tristeza, no viviremos libremente la alegría. Si no aceptamos y reprimimos y negamos una parte de nosotros, no podremos disfrutar plenamente de su opuesto. No sabremos qué es la luz si no hemos conocido la oscuridad.
El equilibrio es el resultado de esta aceptación completa de uno mismo, de las emociones, tanto de las negativas como de las positivas, de las intuiciones, de la sabiduría interior.
Vivir en armonía es aceptar incondicionalmente nuestra polaridad, aprender a gestionarla, y desde ella cuidar del equilibrio entre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.
Además, si todo es temporal, ¿Qué ocurrirá el día que dejes de poseer todas esas cualidades externas? ¿Qué ocurrirá el día en el que dejes de ser bonita, o en el que ya no ejerzas tu profesión de ingeniero? ¿Ya no serás igual de válido? ¿Te convertirás en un gusano?
Tu valor como persona es permanente. Está ahí siempre, seas como seas y consigas lo que consigas en tu vida. Todos los seres humanos ya somos valiosos por el simple hecho de estar vivos y porque poseemos la maravillosa cualidad de amarnos entre nosotros y amar la vida y esto es lo realmente importante. Todo lo demás, no significa nada. Te puede dar satisfacción o placer por un tiempo pero para nada determina tu valía.
Si tienes este concepto claro, que eres una persona que a veces hace cosas bien y otras veces comete errores, serás por fin libre. Te quitarás esas pesadas presiones que impone la sociedad y disfrutarás mucho más de la vida, sin tener que demostrar nada ni a ti mismo ni a nadie, porque no hay nada que demostrar. Somos imperfectos y eso es algo maravilloso, porque nos hace humanos, ¿No es estupendo ser un humano normal y corriente?
Habremos aprendido a aceptarnos incondicionalmente cuando podamos decir: Soy un buen médico, pero soy malo jugando al ajedrez. Tengo los ojos bonitos, pero mi piel está agrietada. Soy un buen marido, pero no he sido el perfecto hijo.
Aceptarnos con nuestras virtudes y nuestros defectos, interiorizando que fallar no es terrible, ni el fin del mundo, simplemente algo normal, y que tener cualidades o logros tampoco hace que seamos más valiosos que el vecino. Todos poseemos cualidades y defectos, pero ellos no configuran tu valor. Tú ya eres valioso por ser tú, por ser único e irrepetible.
Claves para Aceptarnos tal y como somos
Ha llegado el momento de dejar atrás los complejos físicos o mentales en relación a la percepción que tenemos de nosotros mismos. Veamos cómo hacerlo:
1. Acéptate
Tienes que quererte tal y como eres, con tus cualidades y limitaciones. Todo suma, nada resta.
Mírate al espejo y practica en voz alta afirmaciones positivas que te ayuden a mejorar la idea que tienes de ti mismo: que bien me veo hoy!, me siento feliz, voy a conseguir llegar al peso que me he propuesto de una forma saludable, soy inteligente y creativo, etc.
Deja de desvalorizar tu vida, no eres menos que los demás. Elimina pensamientos de tu mente como: me siento gordo, no soy lo suficiente bonita, no soy capaz de alcanzar tal o cual meta, si fuese algo más alto, mi pecho no me gusta, etc.
2. No pierdas el tiempo comparándote con los demás
No hay nadie igual a ti, eres único. Si insistes en compararte con los demás siempre encontrarás a alguien más guapo o bonita que tú, más inteligente que tú, con mejor físico que tú, etc. Se trata de que te aprecies y te valores tal y como eres, porque así como te veas a ti mismo construirás tu autoestima.La mejor manera de hacerlo es concentrarse en ser la persona que quieres ser, y no seguir el mismo patrón de comportamiento que los demás. Alcanzarás un buen concepto de ti mismo cuando te veas y sientas pleno y feliz por ser tú, con todo lo que ello implica.
3. No te obsesiones con tu apariencia. 
Todas las personas son bellas a su manera. No hay guapos o feos, son cánones de belleza que se nos imponen socialmente pero que nada tienen que ver con el sentir más profundo del ser humano.Si quieres sentirte bien contigo mismo, empieza por eliminar pequeños malos hábitos como pasar más de 10 o 15 minutos al día frente al espejo haciendo una valoración crítica de cómo te ves en ese momento.Tu prioridad tiene que ser sentirte sano y en equilibrio emocional, y no tu apariencia física. La belleza empieza por el interior, eso es lo que más debes aprender a cultivar. Si te sientes verdaderamente bello(a) en tu interior, eso mismo proyectarás a las demás personas.
Cuida de ti mismo(a): Opta por una alimentación saludable, una buena nutrición es esencial para el buen funcionamiento de la mente.
El ejercicio te ayudará a liberar tensiones y sentirte mejor. El aumento de la actividad física aumenta la secreción de las hormonas de la felicidad como las endorfinas. El agua es nuestra gasolina, ayuda a oxigenar la mente y con ello conseguirás la calma. Haz pequeños cambios en tu aspecto físico (un corte pelo, ropa nueva, etc.). Verse con un nuevo aspecto mejora el estado de ánimo.
4. Desarrolla tu propio estilo
Elige una ropa que te haga sentir bien. Si no lo tienes claro experimenta probándote varios estilos hasta que des con uno con el que te sientas cómodo y seguro.
Da igual que creas que algo no te sienta bien (ropa, peinado, calzado, etc.), anímate a probar cosas nuevas, seguramente llegarás a descubrir partes de ti que hasta el momento te eran desconocidas. Sal de tu zona de confort.
5. Realiza una auto crítica constructiva
Esfuérzate por desarrollar una actitud positiva. La actitud determina el estado de ánimo, así que si hay algo que no te gusta de ti misma(o) acéptalo como es y busca soluciones tranquilas y razonables que te acerquen a la imagen que crees que es la ideal para tu persona.
Analiza tus puntos fuertes y débiles: ¿Cómo eres?, ¿Cómo te sientes con tu cuerpo?), Capacidades, Habilidades, Dificultades que nos limitan, etc.
Analiza tus pensamientos y emociones: ¿Qué piensas cuando te miras al espejo?, ¿Cómo te hace sentir?, ¿Qué debes cambiar para sentirme mejor?, ¿Qué pautas vas a seguir para conseguirlo?, etc.
6. Eres el único responsable de lo que te pasa
No culpabilices a nadie por lo que te sucede o el concepto que tienes de ti mismo. Eres tú quien, a través de tu sistema de creencias, das valor a palabras o pensamientos de otras personas.
Debes ser capaz de valorar y aceptar las críticas de los demás, desechando las que son hirientes. No hay que confundir crítica con menosprecio.
7. Dedica un momento del día sólo para ti
Celebra los momentos positivos que has tenido en el día, siempre hallarás alguno.
Mímate, se nos olvida con demasiada facilidad que la vida es algo más que asumir responsabilidades (démonos un masaje, disfrutemos de las caricias de nuestra pareja, olvidémonos del trabajo, etc.).
Disfruta de la tranquilidad (date un baño caliente, lee un buen libro, toma un té mientras tomamos el sol en la terraza, etc.). De vez en cuando date un capricho, porque lo mereces. La vida está para disfrutarla.
8. Apuesta por el sentido del humor, que la risa sea tu aliada
Reírte aporta a tu estado de ánimo enormes beneficios, tanto a nivel físico porque reduce el colesterol en sangre, favorece la oxigenación de cuerpo y mente, elimina tensiones musculares, limpia los pulmones, ayuda a paliar el insomnio, etc. Y a nivel psicológico favorece la reducción de las principales hormona que producen el estrés, ayuda a estados de ánimo adversos como la depresión y la ansiedad, aumenta la confianza en uno mismo, etc. Rodéate de personas alegres, la risa se contagia. Sumérgete en este optimismo.
9. Establece pequeñas metas alcanzables 
Por mucho que quieras llegar a todo es imposible. Estableciendo pequeñas metas alcanzables irás animándote a seguir avanzando por el camino del autodescubrimiento.
Aprende a priorizar lo que es más urgente, desechando todo aquello que no lo es, veremos que de esta forma la carga se hace mucho más llevadera.
10. No te tomes nada personal 
Solemos preocuparnos por lo que los demás nos dicen, solemos ofendernos y sentirnos lastimados por los mensajes que alguien dirige hacia nosotros, pero si vemos la vida de una manera más práctica y evitamos que sea el ego el que reaccione a lo que recibe, podemos darnos cuenta de que cuando interactuamos con otra persona, lo que ella manifiesta a través de sus palabras y acciones, poco tiene que ver con nosotros, es el reflejo de sus propios conflictos internos.
Cada persona lidia una batalla interna, su enojo, su insatisfacción, la inconformidad, la brecha que existe entre lo que anhela y lo que vive, sale de sus acciones como un reflejo de su propio interior que no ha podido resolver. Cada uno ve al mundo desde sus cristales, desde su verdad y desde allí se manifiesta. Si todo te lo tomas personal, vivirás ofendido la mayor parte de tu vida.