LA AUTOGESTIÓN

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Tradicionalmente, las empresas han considerado a los trabajadores como elementos pasivos que trabajan de forma activa, es decir, sujetos que basan su aportación en realizar exclusivamente las tareas que les encomiendan. Sin embargo, en el mundo globalizado actual, las organizaciones esperan algo más del trabajador. Esperan que éste tenga iniciativa, que sea valiente y que no tenga miedo a proponer ideas o afrontar retos. En este sentido, sobra especial importancia una técnica psicológica que puede ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros mismos en nuestro puesto de trabajo: la Autogestión.
La autogestión entendida en el mundo laboral se refiere a la capacidad del trabajador para tomar sus propias decisiones, para encontrar su motivación y elegir sus propios caminos dentro de su empresa. La autogestión no solo ayuda a mejorar la imagen que los superiores tienen de nosotros (los directivos cada vez valoran menos a los trabajadores sumisos y conformistas automatizados), sino que nos ayuda a realizarnos laboralmente y a crecer como personas gracias a la autonomía que proporciona.
Dicha autonomía no la podemos confundir con realizar las tareas pertinentes y responsabilidades de manera caprichosa, sin planificación y por fuera de las políticas y normas que la empresa tiene dentro de su cultura laboral. El fin de la autogestión es estimular la inteligencia emocional, creatividad, la autoconfianza y la calidad de la productividad de los empleados, además de reducir el estrés que puede generar una planificación rígida.

¿Qué aspectos de nuestra vida laboral mejoran la Autogestión?

Autonomía
La autonomía de una persona en el trabajo se refiere a la capacidad que tiene el trabajador para tomar sus propias decisiones y funcionar como un ente individual (siempre dentro de las directrices de la organización). La autogestión nos ayuda a desarrollar esta autonomía personal, a creer más en nosotros mismos o a saber que no necesitamos las órdenes de los superiores para cumplir con nuestras tareas.

Responsabilidad
La autogestión es un aspecto individual e introspectivo de cada persona. Según vamos alcanzando distintos niveles de autogestión, irá creciendo también en nosotros el sentimiento de responsabilidad. La autogestión nos ayuda a conocer nuestras obligaciones sin que nadie nos las tenga que recordar y, además, crea en nosotros una sensación de deuda con la empresa. No todas las empresas permiten niveles muy altos de autogestión pero aquellas que sí lo hacen, esperan de sus trabajadores un nivel de responsabilidad acorde a su libertad como empleados.

Compromiso
La autonomía y la responsabilidad que crea la autogestión en el individuo acaban desembocando en un mayor compromiso por parte del trabajador. Todos nos sentimos más responsables de un éxito o de un fracaso cuando somos nosotros mismos quienes hemos creado o desarrollado una idea. Por tanto, la autogestión ayuda también a mejorar el compromiso de los trabajadores con su empresa.

Creatividad
La autogestión en nuestro trabajo nos permite abordar tareas con unos niveles de creatividad superiores a los que lo haríamos si esas tareas fueran impuestas. La autogestión nos da confianza, nos hace creer que la empresa confía en nuestras ideas y en nuestras posibilidades. En este clima de libertad mental, el ser humano da lo mejor de sí mismo y alcanza nuevos niveles de creatividad. La autogestión también ayuda a saber hasta qué punto podemos ser creativos sin salirnos de los objetivos generales de la organización.

Rendimiento
En definitiva, la autogestión es una técnica psicológica que puede ayudar a mejorar nuestro rendimiento en el puesto de trabajo. Muchas veces tener un límite de tiempo o una presión externa para terminar un proyecto ayuda a cumplir con los plazos, pero no a realizar el trabajo correctamente.

Cada persona se conoce a sí misma mejor que nadie y la autogestión permite al trabajador afrontar su tareas de acuerdo con sus propias posibilidades (ya sean intelectuales o de tiempo, por ejemplo). Es cierto que para que exista una autogestión del trabajador deben darse las condiciones necesarias: por una parte, que los superiores sean receptivos a este tipo de conducta en el trabajo; por otra parte, que el trabajador sea capaz de orientar esta autogestión a la consecución de los objetivos marcados por la empresa. De esta manera, individuo y organización estarán más unidos que nunca y lograrán los resultados óptimos que ambos esperan.

La autogestión es una de las mejores herramientas de productividad con las que puede contar tu empresa. Saber gestionar la carga de trabajo y canalizar el posible estrés que se genera en la plantilla y, a la larga, en la compañía, es responsabilidad y obligación de los líderes de la organización.

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