¿LAS MADRES SON TÓXICAS?

El rasgo más sublime de la naturaleza le pertenece a la madre: la mujer es portadora de vida, sólo ella tiene este privilegio. Es por eso, que junto a dicha capacidad de engendrar, se le ha sido concedido un paquete de virtudes, valores y destrezas que la soportan, la socorren y la fortalecen para ejercer a plenitud su loable función.

Durante el desarrollo emocional individual, el precursor del espejo para el niño, es el rostro de la madre, y por lo tanto, la instalación del yo en cada individuo en los primeros años de vida, es decir, su propia imagen, nacen cuando el bebé se reconoce en el rostro de la madre.

En las primeras etapas del desarrollo emocional del niño, el medio ambiente que lo rodea, desempeña un papel trascendental. Los principales cambios se producen en la separación de la madre como rasgo ambiental percibido de manera objetiva. Si no hay una persona que sea la madre, la tarea de desarrollo del niño resulta infinitamente complicada.

Cuatro características de la Madre según la tradición

Comprensión: sus palabras calman, sus caricias sanan y sus besos reconfortan. Nadie conoce mejor a sus hijos que su propia madre; ella tiene la capacidad de entender los distintos factores que influyen en su estado de ánimo y comportamiento. El alto nivel de percepción de una madre, desarrollado por ese fuerte vínculo que hay con el hijo, la hace en definitiva, la portadora por excelencia del valor de la comprensión.

Responsabilidad: una madre vela por el bienestar de sus hijos y de su hogar cueste lo que le cueste, asume su rol con entereza, cumple con sus deberes y reconoce la gran responsabilidad que se la ha sido asignada al consignarle la crianza de unos seres humanos para hacer de ellos, maravillosas criaturas.

Paciencia: paciente ante las situaciones arduas e ineludibles de la vida, paciente ante los conflictos naturales que se presentan en el núcleo familiar, paciente ante las incansables enseñanzas para hacer de sus hijos personas íntegras y valerosas: obra que realizará sin tregua durante años y que tal vez nunca verá terminada. Una madre vive la paciencia en grado excelso.

Amor: el amor a los hijos es único y particular, perpetuo, transparente, carente de egoísmo y de ambición personal. Por este amor la madre desafía hasta sus propias capacidades y realiza actos verdaderamente increíbles para proteger o beneficiar a los hijos.

Sin embargo, estas características no son tan inocentes y puras como la religión, la cultura y la educación nos lo han mostrado. Es muy importante desmitificar el rol de la madre para llegar a comprender por qué los hijos se enferman y tienen comportamientos de desadaptación cuando son adultos.

La madre transmite información a los hijos. Aunque en muchas ocasiones ellas no dicen lo que deberían decir a sus hijos por “protección” o por no hacerlos “sufrir”. Y esto es un error. Porque se eterniza el sufrimiento. La madre se vuelve más que madre, hasta llegar a ser tóxica.

¿Y por qué la madre se vuelve tóxica?

En la sociedad actual es muy importante entender que la función de madre o de padre es la de ser “referente” para los hijos. Cuando una madre no se reconoce a sí misma como tal y se vuelca en los hijos o los abandona, que son dos polos opuestos, pero traen la misma consecuencia negativa, no puede ser una referente para los hijos.

La sobre-protección, es una forma de violencia contra los hijos. Esta violencia puede ser silenciosa y el niño la puede somatizar en forma de enfermedad tan grave como la leucemia y en otros casos, cuando adultos son personas violentas. Por otra parte, nos han enseñado que los niños vienen al mundo con una cinta virgen en su cerebro, que su mente está vacía y que a medida que tiene experiencias, después que nace, se van gravando pensamientos, comportamientos y demás. Pero esto no es así.

Carl Gustav Jung dice: “El bebé no es un papel en blanco para escribir en él. El bebé viene con una historia, con un drama profundo y una neurosis”.  Esta neurosis es de la familia y de los programas que recibe del inconsciente.

El que una madre sea tóxica o que una madre se pase del límite de ser madre no es culpa de ella, ese comportamiento lo ha heredado de su propia madre. Hijas abandonas física o emocionalmente por sus madres dicen: “como mi madre no me quiso, yo si voy a querer a mi hijos…. y más”. La consecuencia es sobre-protección.

Por eso se hace necesario cambiar el concepto y rol de la madre en el  mundo de hoy. La religión y la cultura ha estigmatizado a la madre indicándole cómo debe comportarse: sumisa, vírgenes, mujeres, esposas, aguantar al marido y obedecerlo. Y todo esto ha hecho que la madre haya perdido su esencia, su centro y su rol.

El Síndrome del Aniversario

Una de los aportes más importantes que ha tenido la Psicogenealogía, es el trabajo que ha realizado Ann Ancelin Shutzenberger, con el llamado Síndrome del Aniversario. Esta profesora universitaria, abierta a todas las innovaciones, psicoterapeuta de formación psicoanalítica y profesora emérita de la universidad de Niza. Sostiene que: Repetir las acciones, las fechas o las edades que han conformado la novela familiar de nuestra línea sucesoria es una manera de mantenernos files a nuestros padres, abuelos y demás antepasados, una manera de seguir la tradición familiar y de vivir conforme a ella.

Esa lealtad es la que empuja a un estudiante a suspender el examen que su padre nunca aprobó, movido por un deseo inconsciente de no sobrepasar socialmente a su progenitor. O seguir la profesión de su padre, ya sea fabricante de instrumentos musicales de cuerda, notario, panadero o médico. O, en caso de las mujeres de una misma familia a casarse a los dieciocho años y tener tres hijos, todas niñas o todos niños. A veces esa lealtad invisible sobrepasa los límites de lo verosímil y, sin embargo se repite.

Mantenemos, literalmente una poderosa e inconsciente fidelidad a nuestra historia familiar y nos da muchísimo miedo inventar algo nuevo en la vida. En algunas familias, vemos que el SÍNDROME DEL ANIVERSARIO se repite, en forma de enfermedades, muertes, abortos naturales o accidentes, durante tres, cuatro, cinco y hasta ocho generaciones.

«No somos tan libres como creemos – dice Anne Ancelin Schutzenberger – pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino familiar repetitivo, de conquistar nuestra historia, si comprendemos los complejos lazos que se han tejido en nuestra familia y descubrimos los dramas secretos, las palabras que nunca se dijeron y los duelos inacabados.»

¿Y, el padre?

El rol primordial del padre es el de ser el “protector”, primero de la madre y luego de la familia. Si la madre percibe en su inconsciente un “macho” que la protege, ella como consecuencia tendrá argumentos para proteger a su bebé. Y éste a su vez, recibirá de la madre programas inconscientes de seguridad, estabilidad emocional e inteligencia.

La estructura biológica nos indica que es el padre quien es el proveedor para la familia. Sale a cazar para traer el alimento. Esto no quiere decir que  hoy en día la madre no deba trabajar o aportar en el sostenimiento del hogar. Lo que queremos señalar es que debe haber un equilibrio, y que sea el padre quien gobierne el hogar. Para que se establezcan relaciones sanas entre los hijos y el padre a través de la madre.

Las hembras animales escogen con qué macho se aparean. Esto es biológico y también funciona para los humanos. La mujer debe fijarse qué hombre será el padre de sus hijos, porque si no, vendrán los conflictos de pareja, las separaciones y divorcios.

Por otro lado, la madre debe permitirle al padre ser el padre. En muchas familias vemos madres manipuladoras con los hijos sobretodo hombres. Por ejemplo, desautorizan al padre delante de ellos cuando los quiere corregir. O le dan la mejor porción de beefsteak en la cena al hijo que al padre. Si la madre no ve al padre como el “padre de sus hijos”, el hijo nunca estará unido al padre. Siempre el hijo tendrá problemas con la relación paterna.

Es decir, que la madre es quien escoge quién va a ser el padre (biológico o no) del clan, y es ella quien en su inconsciente, ve a ese padre como el padre real de sus hijos. Y si no es así, siempre habrá conflicto entre el padre y los hijos varones porque no tienen referente.

No hay mayor violencia que una madre decida tener un hijo sin la figura de un padre (biológico o simbólico). Porque es el padre quien conduce al niño a ser un adulto. El hijo, de manera natural sigue el ejemplo del padre y lo quiere imitar. Es su referente.

Cuando la madre está en embarazo, su estado emocional es muy importante, porque ella se encuentra en estado de debilidad psíquica y emocional. El cómo viva las situaciones ambientales afectará a su bebé. ¿Cómo está con su pareja? ¿Se siente amada? ¿Desea tener ese hijo? ¿Hay acontecimientos relevantes durante el embarazo? ¿Se siente deprimida?

El hijo que nace reproducirá los patrones o programas que la madre ha instalado en su inconsciente. El hijo tendrá las sombras de su madre el resto de la vida.

Además, las madres que hablan mal del padre a sus hijos: se quejan de él, lo acusan, lo juzgan o sienten venganza contra él, están proyectando una gran división entre el padre y los hijos, sobre todo a los hijos hombres. La madre en esta situación impide la bendición del padre hacia sus hijos. Es una madre tóxica.

La Madre Tóxica

  • Madre devoradora, todo lo controla, mantiene a sus hijos atados a ella, los utiliza para todo, les hace sentir culpables constantemente: “No me has vuelto a llamar”; “hace días que no vienes”; “Esa novia que tienes no me gusta”; “Que suerte que te tengo hijo mío, porque si fuera por tu padre…..”
  • La madre que permite y tolera la violencia para tener a sus hijos a su lado. Muchas veces el activador no es el padre, es la madre. La madre que se siente víctima.
  • La madre que se pone “enferma”, cuando sus hijos se van de casa.
  • La madre que crea y cría hijos adictos producto de la sobre-protección, conocido como violencia silenciosa. Madres ausentes o muy sobre-protectoras, madres tóxicas por exceso o por defecto.
  • La madre que controla con atenciones, simpatías, que son muy amorosas, consiguen con ello que siempre estén en deuda con ellas.

¿Qué somatizan los hijos de madres tóxicas? Anorexia, Bulimia, Intolerancia a la Leche, Intolerancia al Glúten, Diferentes tipos de Alergias, Diferentes tipos de Adicciones, Asma, Violencia, Hijos Hiperactivos.

Una madre con coherencia emocional, que se ama, que se respeta, que se valora, libre del síndrome de “mamitis”, será una madre que educará a sus hijos maduros emocionalmente. Capaces, independientes, libres, que tomen sus propias decisiones y resuelvan sus propios conflictos. Una madre en este estado emocional se le puede considerar una Madre Universal.

Con este artículo no pretendo criticar o juzgar a todas las madres. Sé que existen madres muy equilibradas y coherentes. El propósito de este artículo es el de concientizar a las madres de su rol biológico y emocional. Cada madre, al hacerse consciente de ello, hará los cambios que crea debe hacer para su salud y la de su familia.