¿POR QUÉ RAZÓN NO LOGRO MIS PROPÓSITOS?

Las personas queremos alcanzar metas y propósitos en la vida. Esta es una de las razones por las cuales nos pasamos toda la vida, de una u otra forma, haciendo planes, proyectos de vida, conociendo procesos y desarrollando todo un sistema complejo para, algún día, lograr alcanzar los propósitos que creemos nos harán felices. Buscamos evolucionar, transformarnos, crecer y alcanzar la plenitud, la felicidad, la abundancia, el amor y todas esas cosas a las cuales tenemos derecho y para las cuales hemos nacido.

Para comenzar, te hago esta pregunta: ¿Alguna vez te has sentido frustrado(a)? Lo más probable es que tú mismo(a) hayas contestado que sí. La frustración puede manifestarse de diferentes maneras, por ejemplo, pueden ser temporales, y aparecen en nosotros cuando nuestro ego no ha logrado lo que desea lograr (un trabajo, ganar un examen, conseguir una pareja, sentirse sexualmente rechazado, etc.), es decir, cuando no hemos alcanzado el objetivo como queríamos alcanzarlo y como pensaba que merecía alcanzarlo.

Pero del tipo de frustración sobre la cual quiero profundizar es la Frustración Vital. Es ese tipo de frustración que es pesada, y nos sirve de guía y de alarma para que nos detengamos y observemos qué es lo que está impidiendo mi evolución, mi trascendencia y no logro aquellos propósitos de vida que me harían feliz y con plenitud. Por lo tanto, si no nos detenemos y observamos esa frustración, entonces podríamos morir en vida, y le quitaríamos sentido a nuestros a pasos y a lo que hacemos en esta vida. Cuando te sientes con una frustración tan pesada haces muchas cosas, cambios, ensayas esto o aquello, vas de aquí para allá, pruebas esto y aquello, cambias de ciudad, cambias de pareja…. Pero nada resulta positivo ni edificante. O sea, estás experimentando una frustración vital que no te deja avanzar… Ni despegar como quisieras y te mereces.

Esta frustración es muy pesada. Y por mucho que nos movamos seguimos desubicados…y con la sensación interna de que nos estamos dando cabezazos contra un muro. Dicha frustración tiene un solo origen en todas las personas: La falta de amor propio.

Recordemos que todos venimos de una Consciencia Superior, que algunos llaman Dios, Mente Divina, Mente Universal, cualquier nombre que le asignes es el mismo poder del cual todos provenimos. Esa Consciencia Superior permanece unida a nosotros desde siempre y por siempre. No estamos separados de ella, ni está en algún lugar de la galaxia separado de nosotros. Por el contrario permanecemos conectados a esa consciencia, lo que pasa es que no somos conscientes de ello y creemos que estamos separados de dicho poder.

Esta Consciencia Superior es la que ha definido nuestra nueva oportunidad de vivir en la tierra. Dentro de esa nueva oportunidad, todos tenemos una primera misión de vida y un compromiso de nuestra alma, y es ¡la de restaurar el amor! Esto significa amarse, amar y permitir que otros nos amen. Y una segunda misión de vida es la de disfrutar o gozar la vida mientras estemos en este mundo. Absolutamente todos hemos nacido con esta misión vital. Ahora, ¿cuántos de nosotros estamos cumpliendo con esa misión de vida? ¿Estamos viviendo y experimentando la vida desde el amor y el gozo?

Muchas personas creen en el miedo. Todo lo ven a través de la emoción del miedo (desconfianza, odio, enojo, envidia, competencia, rechazo, culpabilidad, etc.) Y desde esa perspectiva se acaba y anulamos nuestra misión de vida. Por lo tanto, el amor y el gozo que emanes debe ser profundo, desde tu corazón, sincero, auténtico y puro, si no lo sientes así, no funciona ni se conecta con la Consciencia Superior, entonces fracasas, y como consecuencia no logras trascender, ni crecer, ni logras tus propósitos en tu vida.

El origen de la frustración vital sucede cuando no cumplimos nuestra misión de vida. Estamos separados de la Consciencia Superior. No la reconocemos dentro de nosotros mismos.

Una tercera misión de vida se refiere a nuestro propósito particular. Cada persona tiene una misión particular que debe cumplir en su paso por este mundo: algunos vienen a aprender sobre el perdón, otros a experimentar el odio, otros la generosidad, la abundancia, otros una vida tóxica, etc. Esta tercera misión de vida es tan importante como la primera que se refiere al amor.

Es muy importante que aclaremos lo siguiente: si una persona no cumple con la primera misión de vida que nos habla sobre restaurar el amor, las otras dos, o sea, gozo y propósito particular, no se llevarán a cabo en la vida de esa persona. Por qué para vivir en gozo debo vibrar en amor y para cumplir mi misión particular también debo vibrar en amor. No hay nada que una persona pueda hacer en la tercera misión de vida que no tenga relación directa con la primera.

Si una persona activa su primera misión de vida y empieza a amarse y empieza a ver, a percibir, a sentir y a abrirse al amor, es muy fácil que dicha persona se dé cuenta que tiene los recursos para crecer, sanar y trascender en la tercera misión de vida o propósito particular desde el gozo y la felicidad. Cuando entramos en el amor el gozo fluye de manera natural. O sea que no trascendemos desde el sufrimiento ni desde el drama, pensando que todo aquello negativo que nos sucede es porque tenemos “mala suerte”, “por qué a mí”, es decir, desde la postura de víctima. No funciona.

Los seres humanos cuando nacemos traemos una información de nuestros ancestros que se llama transgeneracional, la cual se hace visible en el árbol genealógico de cada familia y dicha información es la que debemos conocer para trascenderla y limpiar el árbol para las próximas generaciones. No nacemos en una familia por accidente o casualidad. No es así. Nacemos en determinada familia por resonancia, por vínculos y por pactos del mismo árbol. Por ejemplo: Si por mi árbol generacional yo recibo al nacer una información de ruina, lo más seguro es que en mi vida yo tenga miedo o dificultades con la abundancia y por lo tanto esté programado para la escasez y la pobreza. En este punto es importante concientizar que la abundancia no solo es dinero, sino que la abundancia es un derecho para todos, mucho más importante que el dinero. De tal modo que, debo permitirme ser abundante (salud, inteligencia, talentos, dones, tiempo, etc) sanando el miedo que mi árbol me trae a la ruina.

Aquello que no soportamos de nuestra familia es a lo que debemos poner mucha atención, porque tiene que ver con la tercera misión de tu vida. Si tenemos miedo a la abundancia, nos comportamos como huraños, enojados, miedosos, avaros, miserables hasta que sanan o trascienden esa particularidad haciéndose conscientes de ello mediante el amor y se convierten en personas abundantes.

¿Cómo son las personas que vienen de una línea familiar de traiciones? Son desconfiadas, con rabia, desconectadas del amor, muy cerradas, muy posesivas, celosas, miedosas, hasta que alguien se da cuenta que esa no es la realidad, se relaja, es consciente y deja ir ese paquete de emociones tóxicas, y entonces dejan de aparecer enemigos y traidores en su vida y empieza a vibrar en el amor.

Está también el caso de aquellas personas que trabajan y trabajan y trabajan y no consiguen nada o muy poco. Es como si se dieran cabezazos contra un muro. Y pasa el tiempo, pasan los años y la persona se siente agotada, frustrada porque tanto esfuerzo de trabajo no compensa lo que han conseguido realmente. Hemos visto personas que dicen: “He tocado todas las puertas, me he preparado, he hecho cambios, he puesto todo de mi, he cambiado mi actitud. El problema es que todo esto lo hacen desde la mente, desde el intelecto y no desde el corazón o desde la esencia del ser.

Cuando lo he intentado todo y sobre todo cambiar la actitud y la manera como percibo el mundo y no funciona, esto es una pesada frustración porque no estoy llevando a cabo mi misión de vida y estoy yendo en contra de mi alma.

Ejemplo: Quiero vender autos. Me preparo y soy el mejor vendedor de autos. Hago todos los cursos especializados de ventas. Pero no logro vender ni un solo auto. Entonces me frustro, lo primero que hago es echarles la culpa a otros, al mercado, a la economía, el mundo es muy injusto. Todo lo que está afuera de mi tiene la culpa de que yo no venda autos. Estoy proyectando mi frustración sobre el entorno. Por lo tanto, si no hay un cambio de actitud interior, seguiré en la mediocridad de mi propósito de vida.

Sin un cambio de actitud, no se abre la oportunidad para lograr nuestros propósitos de vida. Cambiar de actitud significa no echar culpas, no obsesionarse por algo, sacar el miedo, dejar que todo fluya con amor como debe fluir. Experimentar sin lamentos lo que la vida me presenta cada día, vivir el presente con amor, gozo y desapego.

El muro contra el cual te das cabezazos cuando estas frustrado(a) son las lealtades ciegas familiares. Volvamos al ejemplo de la abundancia: si mi línea familiar paterna y materna es de ruina, pobreza y escasez, ellos esperan que en mi vida yo tenga ruina, pobreza y escasez. Pero si yo activo mi abundancia en la vida, mi clan familiar me va a rechazar y pasaré a ser un enemigo porque traicioné la lealtad ciega de familia. La lealtad ciega es aquella de la cual no soy consciente. Y todas las personas somos leales a ellas porque las conocemos a nivel inconsciente. La lealtad ciega es como un pacto que se pasa de generación en generación y se rompe cuando “alguien” la concientiza y renuncia a ella con amor y perdón. En realidad, hemos nacido para liberar esas cadenas de lealtad tóxica que destruye el árbol genealógico familiar. Ninguno de nosotros ha nacido para perpetuar la infelicidad y el sufrimiento de nuestro clan familiar.

Preguntas ¿Qué es lo que te molesta de tu madre o tu padre? ¿Qué te molesta de tu hermano o hermana? ¿Qué te molesta de tu tío o tía? ¿Qué es lo que no soportas cuando la familia se reúne en torno a una celebración cualquiera? Tenemos muchos programas tóxicos transgeneracionales heredados, muchas contaminaciones, muchas cosas que limpiar, sanar y trascender, lo cual se puede lograr siempre y cuando tomemos consciencia de nuestras lealtades ciegas y estemos dispuestos a soltarlas.

Tú muestras verdadero amor a tu clan familiar, cuando concientizas que esas lealtades ciegas deben romperse y deshacerse. Te liberas y los liberas a ellos, por amor dejas de perpetuar eso que mantiene a todo un clan enterrado en vida en sufrimiento, escasez, en ira, en miedo, en miseria y en todo lo que se aleja del amor. Cuando tú tienes el valor y amor suficiente para decirle a tu clan ¡basta ya! No más…y suelto el sufrimiento, ellos lo pueden vivir como una traición y lo primero que hacen es expulsarte…no eres del clan… “Tú quién te crees…” Por lo tanto, la única posibilidad de mostrarle al otro que existe la felicidad es siendo tu feliz. La única posibilidad de mostrarle al otro la abundancia es tu siendo abundante. Pero recuerda que esto solo funciona desde el amor, no desde la imposición o la venganza.

Y qué decir de los decretos que heredamos de nuestro clan familiar: Los hombres son machistas, las mujeres son interesadas, los niños son un problema, la vida es dura, el dinero es sucio, la felicidad no existe…y mucho más…amores frustrados, amores ficticios, no confíes, etc. Aunque estos decretos no los hace el clan de mala fe, si están programados en el inconsciente colectivo de la familia y se repiten una y otra de vez, generación tras generación. ¡Eso si es grave!

Deberíamos ser capaces y tener el valor de liberarnos todos de la lealtad ciega que nos mantiene unidos en “el amor es imposible”. Para lograr ello, debemos vivir desde el amor y no desde temor, es decir, enfrentarse con la culpabilidad que sentimos por no ser los hijos que nuestros padres hubieran querido que fuésemos. En otras palabras, para liberarse hay que estar dispuesto a renunciar a la comodidad y a la ficticia seguridad del clan y estar dispuestos a ser felices.

Nuestra misión de vida tiene como base restaurar el amor, recordarle a nuestro clan familiar que el amor es la realidad y lo único trascendente. De lo contrario, si me siento cómodo con la lealtad ciega, entonces no estoy siendo fiel conmigo mismo, me traiciono, entro en frustración y mi misión pierde sentido. Por lo tanto, la forma de salir de la frustración y el sufrimiento es ser leal a mí mismo y ser quien he venido ser, no acomodarse al clan para perpetuar el desamor y el sufrimiento.

La única forma que podemos ayudar a los demás es ayudándonos a nosotros mismos. Esto no es egoísmo. Egoísmo es no ver que hay alguien más frente a mí, que siente, que sufre y dejo de tener empatía. El amor consiste en que, cuanto más ame yo, más le doy al otro el permiso que se ame, y le recuerdo con mi liberación, que es posible. Cuanto más me olvide de mí para ayudar al otro, más me voy a victimizar yo y más voy a poner la expectativa en que el otro me reconozca mientras yo me hundo, y creo que me estoy hundiendo porque el otro no valora lo que yo hago por El y no le doy el permiso para que sea feliz. No venimos a ayudar, a no ser que sea a través de amarnos, de amar y de gozar.

Démonos el permiso de restaurar el amor grande y poderoso, que vibra desde dentro de nuestra alma, y empecemos a ser verdaderamente felices.

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