PREVENIR Y GESTIONAR LA IRA

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La ira abarca todo el rango que va desde la rabia hasta el sentimiento leve. Incluye la venganza, la indignación, la furia, los celos, el victimismo, el rencor, el odio, el desprecio, la cólera, las discusiones, la hostilidad, el sarcasmo, la impaciencia, la frustración, la negatividad, la agresión, la violencia, la repulsión, la mezquindad, la rebelión, las conductas explosivas, la agitación, el abuso, la confrontación, la amargura, los pucheros y la obstinación.
Origen De La Ira
Hay muchas fuentes de ira. Muy a menudo, una constelación de sentimientos de ira está conectada con el miedo, y la ira desaparece cuando soltamos el miedo. Otra fuente de ira es el orgullo, especialmente ese aspecto del orgullo llamado vanidad. Con frecuencia, el orgullo alimenta y propaga la ira.
Otra fuente de la ira es el chantaje emocional. Por ejemplo si alguien actúa así: “Dame lo que quiero o te castigaré con la pasividad, la ira, la amargura y el resentimiento”. A todos nos molesta el chantaje emocional. Todos nos resistimos cuando nos damos cuenta de que alguien está buscando un cumplido, y la resistencia persiste tanto consciente como inconscientemente.
Cuando estamos motivados por el autosacrificio, presionamos a la otra persona. Incluso si conseguimos forzar un reconocimiento, le faltará sinceridad. Un elogio forzado no satisface. Parte de la ira surge del orgullo de haberse sacrificado. Tenemos cierta vanidad secreta con respecto a lo que hacemos por los denás, y nuestro orgullo por el éxito nos hace vulnerables a la ira cuando no se reconoce nuestro “sacrificio”.
La manera de contrarrestar esta ira es reconocer y renunciar al orgullo, al placer de la autocompasión y considerar nuestros esfuerzos a favor de los demás como regalos. La recompensa es la alegría que nos produce ser generosos con los demás.
Nuestros actos de amor no reconocidos por otras personas también dan origen a la ira. Por amor entendemos las formas simples y cotidianas del cariño que tienen lugar en toda relación humana: atenciones, consideración, gestos corteses, ánimo y generosidad. Muy a menudo, durante años,  mantenemos un monólogo interno acerca de nuestro resentimiento porque el otro no reconoce nuestros gestos de amor. Si esto es así para nosotros, debe ser también el caso de los demás. Por lo tanto, mucha gente de nuestro entorno debe albergar un sinfín de pensamientos mentales acerca de nuestra falta de aprecio de sus sentimientos hacia nosotros.
Podemos compensar y prevenir toda esta ira si vemos el enorme valor de reconocer los gestos de los demás. Esto significa reconocer todas sus comunicaciones con nosotros.
Ira, rabia, enojo… son emociones negativas que debemos aprender a controlar. El enfado es una emoción. Es una señal unida a un conjunto de cambios fisiológicos que se producen en nuestro cuerpo, y que tratan de avisarnos que está ocurriendo algo en nuestro mundo exterior o interior que no está alineado con nosotros; algo con lo que no estamos de acuerdo; algo que no nos gusta; algo que, según nuestro punto de vista, no podemos permitir.
Nuestro enfado, rabia, ira, no es más que un mecanismo de defensa que nos ayuda a combatir un malestar. Aparece cuando en una situación estamos muy alejados de nuestras necesidades.
La Influencia de Nuestras Necesidades
Podríamos simplificar y dar una clasificación de las emociones dependiendo de si están o no cubiertas nuestras necesidades, de esta manera tendríamos:
• Cuando nuestras necesidades están cubiertas y nos sentimos bien… tenemos emociones positivas o de crecimiento.
• Cuando nuestras necesidades no están cubiertas y nos sentimos mal… tenemos emociones denominadas negativas o limitantes.
Dentro de las necesidades que se menciona en la clasificación podríamos encontrarnos desde las necesidades básicas, de subsistencia y bienestar (alimentación, hidratación, descanso, tranquilidad…) a necesidades de identidad (autoafirmación, respeto, reconocimiento, integridad…), necesidades relacionales (atención, amor, escucha…), necesidades de sentido, de seguridad, libertad, recreación, participación, realización y celebración. Cualquier tipo de necesidad que tengamos, si no está cubierta, genera malestar, incomodidad, enojo, rabia e ira.
De las Emociones Negativas Hasta El Enfado
Si nos enfadamos es porque en ese momento una necesidad nuestra no está siendo satisfecha. Entonces, nuestro cuerpo responde con un cúmulo de reacciones fisiológicas para avisarnos que tenemos que actuar. Por ejemplo: se aumenta la presión arterial, palpitaciones, sudor, temblores involuntarios, enrojecimiento de la cara, el cuerpo produce hormonas del estrés (cortisol, noradrenalina, adrenalina), dolor de cabeza, etc. Nuestro sabio cuerpo no puede permitir que nuestra necesidad no sea cubierta.
¿Pero qué ocurre? porque nos centramos solo en nosotros mismos, y en nuestras necesidades, y no nos damos cuenta que la otra persona, también tiene las suyas. Generalmente solo miramos lo que nosotros necesitamos y nos centramos en las palabras, la actitud, y los gestos de la otra persona y en que no podemos permitir que nos hablen así o que nos traten así. Cuando nos enfadamos, solemos sobreactuar.
¿Qué Es Lo Peor De Esto?
Pues que en la gran mayoría de casos no conocemos la causa o la razón real de nuestro enfado. Terminamos enfadados con nosotros mismos, o con terceras personas, y en muchas ocasiones dejando nuestra necesidad original sin cubrir, e incluso dando lugar a la creación de nuevas. necesidades, debido al enfado en sí.
Quizá tu enfado ha aparecido porque estabas cansado o necesitabas que te reconocieran tu trabajo o simplemente porque necesitabas un poquito de tranquilidad y hay demasiado estrés. Las razones pueden ser infinitas pero, muchas veces, nos centramos tanto en la actitud de la otra persona que nuestro enfado acaba por no conseguir su verdadera finalidad, que es que tu necesidad sea cubierta o, como mínimo, validada.
Hay una gran cantidad de energía en la ira, por lo que, en realidad, cuando estamos irritados o enfadados, podemos sentirnos energizados. Uno de los trucos que la gente aprende es a pasar rápidamente de la apatía y la tristeza a la ira, para luego saltar de forma sucesiva de la ira al orgullo y de este al coraje.
Intenta Prevenir El Enfado
Lo ideal sería que cuando nos detectemos en un estado de enfado, indaguemos un poco más. Por ejemplo, pregúntate: ¿Qué te falta? ¿Qué necesidad no tienes cubierta? ¿Por qué tu cuerpo está reaccionando así? Y si observas, la otra persona estará pensando: “¡¿Pero qué le pasa a ésta persona?!”… “¡¿Es que no ve lo que necesita?!”… “¡¿Cómo se puede ser tan egoísta?!”
Eso es lo que generalmente pensamos y, a veces, incluso decimos sin darnos cuenta de que la otra persona también tiene sus necesidades. Así que ahora, vamos a intentar gestionar de una forma correcta los momentos de enfado que todos tenemos en alguna ocasión.
Gestionando Paso A Paso Los Momentos De Ira
1. Analiza por qué te enfadas: Cierra unos instantes tus ojos y piensa en una discusión o en un enfado que hayas tenido recientemente con alguna persona (tu pareja, un compañero de trabajo, tu hijo)… ¿Qué ocurrió? Seguro que tenías algún motivo totalmente válido para sentirte mal y por eso se disparó tu enfado para salir en tu defensa. Pero debes tener en cuenta varias cosas. Continuemos. Cierra de nuevo tus ojos pero ahora céntrate en la necesidad real que tenías cuando apareció tu enfado, necesitabas silencio, necesitabas diversión, cariño, reconocimiento, ¿cuál era tu necesidad real?
Y, ahora, cambiemos nuestro rol. ¿Qué motivo pudo tener tu pareja, compañero de trabajo o tu hijo para actuar como lo hizo? ¿Qué necesidad no satisfecha había detrás? Imagina que eres la otra persona… ¿Qué necesidad crees que puedes tener? Necesitas reponer energía, respeto, reconocimiento, ser valorizado, diversión… ¿Como ves ahora la discusión? ¿Sigues viéndolo desde tu yo? ¿Has podido empatizar con la otra persona y ver o sentir su otra necesidad? Desde este lugar, ¿hubieras actuado de otra manera?
Personalmente creo que ninguno de nosotros busca una discusión voluntariamente, sin embargo muchas veces nos encontramos con dos necesidades no satisfechas totalmente opuestas (la nuestra y la de la otra persona), a las que ninguno de los dos sabemos poner nombre o comunicar de forma adecuada y esto hace que sin querer se convierte en un conflicto.
2. Toma aire y piensa en las necesidades de cada uno: La próxima vez que detectes que se dispara tu automático del enfado… pregúntate: ¿Qué necesidad mía no está siendo cubierta? Y seguidamente pregúntate, ¿Qué posible necesidad de la otra persona no está siendo cubierta?
Si en una discusión tratamos de cubrir ambas necesidades, desde la humildad, desde la tranquilidad, desde la perspectiva de que ninguna necesidad es más importante que la otra, sino que son necesidades diferentes y válidas, en ese momento y en ambas personas, entonces la discusión ha finalizado.
3. Reinterpreta los conflictos y dales una salida positiva: Convierte tus conflictos en una búsqueda de soluciones, intentando cubrir ambas necesidades en la medida de lo posible, y validando ambas necesidades como legítimas e igualmente importantes.  A veces no podremos cubrir ambas necesidades a la vez, pero siempre podemos resolver el conflicto validando ambas necesidades como importantes y buscando una posible solución aunque se aplace alguna, un poco más.
Te propongo que en tu próxima discusión empieces preguntándote: ¿Qué necesito?… Y la otra persona, ¿qué necesita? ¿Cuáles son las necesidades que no están siendo cubiertas? Ya verás cómo automáticamente tus enfados disminuirán.
“La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro”. William Shakespeare.