RELACIONES DE PAREJA CONSCIENTES

Las relaciones personales parecen ser un rompecabezas. A menudo decimos que son difíciles, sin darnos cuenta de que tal vez las personas “somos difíciles”. Buscamos gente que cumplan con nuestras expectativas, y que nos hagan felices; y esta perspectiva no realista activa infinidad de conflictos. Es como si renunciáramos a ser dichosos por nosotros mismos, y en su lugar pusiéramos en manos ajenas las propias esperanzas de bienestar. No es de extrañar que las relaciones personales se conviertan en una fuente de problemas y un rompecabezas indescifrable.

La Relación Personal Inconsciente

El amor romántico, o inconsciente, poco tiene que ver con el amor verdadero. Esa confusión es la causa de muchos conflictos en las relaciones personales. El romanticismo es idealización, apego o pura necesidad del otro; y la necesidad es una falta de amor severa hacia la persona que se dice amar. La concepción romántica del amor ha creado muchos problemas a hombres y mujeres que han sido víctimas de sus propias fantasías. Esto no significa que no convenga ser afectuosos, cariñosos, atentos, tiernos, detallistas, cálidos, suaves, entregados… con las personas con las que nos relacionamos. Quiere decir que únicamente siendo conscientes de en qué hemos convertido las relaciones, podremos construirlas sanas y conscientes. Pero, eso que suena tan sencillo, ¿cómo se consigue? ¿Cómo podemos crear vínculos que funcionen?

  • Deje de buscar (mejor “conviértase” en la clase de persona que usted quiere).
    • Después de una ruptura, haga una “dieta de relaciones”, darse tiempo y espacio.
    • Recupere la energía física y el equilibrio emocional.
    • Aprenda a estar solo o sola, sin que ello sea doloroso o traumático.
    • Ordene su espacio emocional y clarifique sus principios y valores.
    • Prepárese para una nueva relación.
    • No pierda nunca “la inocencia” y frescura para empezar de nuevo.
    • Confíe en que todos merecemos ser plenamente amados.

Si nos saltamos el proceso de cambio, y no hay una verdadera transformación personal, en la nueva relación aflorará el temor de revivir experiencias anteriores, y la carga de dolor nos perjudicará notablemente. Porque no serán dos personas, sino la suma de sus ex-parejas, los fantasmas del pasado y de sus constantes miedos a repetir las viejas historias de dolor. La Madre Teresa de  Calcuta dijo: “Si juzgas a las personas no tienes tiempo para amarlas”.

El amor se acaba en el día a día

  • Porque se comenten errores, como pensar que una vez la relación ha adquirido cierta solidez o cierto tiempo, ya se es dueño de la otra persona, o viceversa.
    • Porque el hombre se aburre de la mujer cuando ésta comienza a volverse cantaletosa y la vida en el hogar se convierte en un infierno. Ahí ya se ha roto la comunicación.
    • Porque la mujer se aburre del hombre cuando éste la mira como el reemplazo de su madre, la niñera de sus hijos, la cocinera, la lavandera y el ama de llaves; y para completar la quiere dispuesta en la cama y entrando dinero al hogar igual que él.
    • Porque al conocerse se muestran falsos comportamientos, como tolerancias excesivas y verdades a medias.
    • Porque cuando hay problemas generalmente ninguno quiere dar el brazo a torcer.
    • Porque al principio de la relación nos preocupamos por mostrarnos bellos, interesantes y adecuados, escondiendo los aspectos no tan agradables de nosotros.
    • Porque a las parejas les da miedo desinhibirse en la intimidad, expresar lo que les gusta, por temor a lo que piense el otro; y prefieren cumplir fantasías sexuales con terceras personas.
    • Porque no se respetan los espacios, ni se respeta la individualidad profesional y personal del otro.
    • Porque las parejas se apegan y en su inseguridad sufren y hacen sufrir al otro con sus celos.
    • Porque se dejan de expresar las cosas que gustan del otro asumiendo que ya lo sabe.
    • Porque se cree que la otra persona viene a nuestra vida a hacernos felices y que todo será un jardín de rosas; cuando lo cierto es que en toda relación hay desavenencias y disgustos.
    • Porque se asume que la pareja tiene que actuar, sentir y pensar como el otro, robándole su propia personalidad.
    • Porque se daña la comunicación y cada vez que se expresa algo, es para ofender y hacer sentir culpable al otro.

Aunque hay muchas más razones por las cuales una relación de pareja se acaba, estas son algunas de las más comunes. Cada relación tiene sus propios conflictos. Es importante identificarlos y trascenderlos en beneficio de la salud física, emocional y espiritual de cada uno.

Relaciones Personales Conscientes

Las relaciones que funcionan son conscientes, es decir, maduras emocionalmente, y se establecen entre dos personas que se sienten completas, porque no creen que les falte su “media naranja”: se sienten una “naranja completa”. Por supuesto, no significa esto que no quieran tener pareja o una amistad. La desean, pero no la necesitan, son cosas muy diferentes.
Las personas conscientes comparten su plenitud, no se relacionan para completar sus supuestos vacíos, ni para mitigar la necesidad de estar en compañía. Y entonces, de alguna manera, lo que está completo atrae a lo completo, y lo que está incompleto a lo incompleto. Los iguales se atraen. Intuitivamente entendemos que cuando dos personas se encuentran y se reconocen completas en sí mismas y no necesitadas, las relaciones empiezan y fluyen con suavidad, con respeto. Se sienten estables y sin vacíos.

¿Cómo encontrar una pareja completa en sí misma?

Puede parecer extraño, pero la clave es reflejar, en mí primero, las cualidades que busco en la otra persona. Si alguien quisiera tener a su lado a una persona cariñosa, lo mejor será mostrarse cariñoso; si desea conocer a alguien educado, lo propio es mostrarse educado; si quiero a alguien comprensivo, lo primero es ser yo comprensivo con los demás. Cuántas veces olvidamos esta sencilla regla: “Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado”, y tarde o temprano aparecerá y se fijará en ti, o sea, la otra persona se verá reflejada en ti.
Las personas conscientes que establecen una nueva relación, en realidad no la buscaban, aunque tal vez la esperaban. Buscar la pareja ideal, o el amigo ideal, sería tanto como buscar una aguja en un pajar. Porque “buscar”, por definición, significa implícitamente carencia, ausencia, necesidad. No puede buscarse una relación, todo lo que puede hacerse es crearla.
Mucha gente no entiende por qué siempre llega a su vida un mismo estereotipo de persona, ya hablemos de parejas o de amistades. Una y otra vez sus relaciones parecen fotocopias siguiendo un mismo patrón. Parece que no haya otra clase de persona disponible para ellas. No sirve de mucho buscar a alguien con tal o cual cualidad. En su lugar, ser uno mismo adecuado y estar en posesión de esas facultades, sí es útil. Como los iguales se atraen, aparecerá alguien con esos atributos. En lo que se refiere a las relaciones, hay una estrategia mucho mejor de la que sigue el ego y se basa en el amor consciente, algo así como “amor sabio”, pero no una sabiduría de la cabeza, sino del corazón.

Volver al amor

Para saber estar en pareja es necesario antes saber estar solo. No es sencillo encontrar personas que no odien la soledad. Llegar a tolerar, incluso amar, estar solo, y sentirse bien, es un gran logro personal. Por esa razón, no es aconsejable empezar una nueva relación justo al terminar otra. En el campo también se necesita un tiempo de regeneración entre cosechas, lo llaman “barbecho”, cuando la tierra se deja de cultivar por un tiempo. Nosotros podríamos llamar a ese tiempo “dieta de relaciones”, para referirnos al tiempo que una persona se regala a sí  misma para recomponerse, centrarse, atenderse y prepararse para la siguiente relación.

Cuando se resuelve el miedo a la soledad, se deja de creer en las relaciones superficiales, egoístas e inconscientes como escudo de protección. Estar solo no es una garantía de no sufrir más, sino que al contrario añade más sufrimiento. La soledad no es buena ni es mala. Es lo que cada uno hace con ella, es como un desierto (los desiertos nunca están vacíos), pero, como todos los desiertos, un día terminan y es al salir de ellos cuando se reconoce su valor. Llegar hasta el final de la soledad, la agota como sistema de aprendizaje y la cancela. Tratar de suspenderla, de forma artificial, sólo pospone el proceso necesario de la soledad para más adelante.

Cuando se resuelve el miedo al abandono, empezar un idilio no es una amenaza, sino una nueva oportunidad. El mayor logro de la relación consciente es que ambas personas están dispuestas a amar como si nunca antes hubiesen sido heridas, sin volcar en la nueva pareja el dolor de relaciones anteriores. En realidad, esas dos personas son “nuevas” y por ello destilan frescura y atractivo: no están resentidas, no son desconfiadas, no están amargadas y por eso se atraen tanto.

Cuando se resuelve desactivar el ego, la nueva relación no está debilitada por el temor a amar sin condiciones ni apegos. El final del ego es lo que la mente podría interpretar como la destrucción de la individualidad, la anulación, cuando en realidad es una transformación y la salvación de la relación. El ego es el estorbo número uno en cualquier relación personal, ya sea de amistad o de pareja, y la causa de que fracasen, como suele suceder. Si tan solo las personas mantuvieran su ego a un lado, fuera de escena, la historia sería otra. Las relaciones seguirían empezando y acabando, según su tempo y propósito, pero no tendrían el sabor amargo que a menudo dejan en el recuerdo.

Cuando todo eso ocurre, las personas conscientes descubren que en realidad no temían empezar un nuevo vínculo o acabarlo; sino que en su inconsciencia tenían el infierno en el que, con anterioridad, habían convertido sus relaciones.
Piense que usted es alguien con quien vale la pena pasar el tiempo. Finalmente otro pensará lo mismo de usted.