REPROGAMAR EL CEREBRO PARA SANAR

Home / El Cerebro / REPROGAMAR EL CEREBRO PARA SANAR

Este artículo está basado en los estudios realizaos por el Dr. Joe Dispenza, quien es especialista en neurología, biología celular, genética, química cerebral y envejecimiento. Lleva décadas estudiando la mente humana. Es autor y conferenciante sobre el funcionamiento del cerebro y sobre su capacidad para aprender. Sus teorías hablan sobre la capacidad del hombre para conseguir la salud física y mental, interviniendo únicamente en nuestros pensamientos.

El bioquímico y estudioso del funcionamiento cerebral Joe Dispenza defiende el poder de esta parte del ser humano para reinventarse cada día. Habla de química, de física, de hábitos, de reprogramación y de una inteligencia superior que tanto le da denominar divina, espiritual o subconsciente. Cree en la capacidad de construir y conducir el propio cerebro y a través de él influir en el cuerpo basándose en su experiencia personal y en la observación de enfermos con remisiones espontáneas. “Si cada mañana nos planteáramos cuál es la mejor idea que puedo tener de mí mismo, tendríamos otro tipo de mundo”.

¿La física cuántica implica el punto de encuentro entre la espiritualidad y la ciencia?

Sí; creo que el plano cuántico es el plano espiritual. Creo que cuando tenemos suficiente gente que está seriamente uniéndose a la idea de usar el plano cuántico para dirigir su destino, la ciencia va a tener que estudiar a esos individuos que están entrenados y son buenos en ello, y entonces tendrá que valorar y actualizarse para poder explicar que la mente subjetiva está afectando al mundo objetivo, y eso es el principio de un verdadero cambio. El cambio se logrará cuando tengamos suficientes personas que puedan usar el plano cuántico consistentemente, que puedan intencionadamente enfocar su mente subjetiva en una dirección determinada y tener una cantidad considerable de control sobre su mundo objetivo, y puedan hacerlo repetidamente.

¿Cada vez que pensamos fabricamos sustancias químicas?

Así es, y estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes infeliz. El problema es que en el momento en que empezamos a sentir de la manera en que pensamos, empezamos a pensar de la manera en que nos sentimos, y eso produce aún más química.

Así se crea lo que llamamos el estado de ser.

La repetición de estas señales hace que algunos genes estén activados y otros apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su continuidad química y definirse como tal. Nuestro organismo se acostumbra al nivel de sustancias químicas que circulan por nuestro torrente sanguíneo, rodean nuestras células o inundan nuestro cerebro. Cualquier perturbación en la composición química constante, regular y confortable de nuestro cuerpo dará como resultado un malestar.

¿Propone cambiar la química cerebral con nuestro pensamiento?

Es una parte de mi trabajo, asegura el Dr. Joe Dispenza, no se trata sólo de cambiar la química cerebral, también los circuitos cerebrales, el cableado. Si podemos forzar al cerebro a pensar con otros patrones o secuencias, estamos creando una nueva mente. El principio de la neurociencia es que si las células neuronales se activan conjuntamente, se entrelazan creando una conexión más permanente. Una persona ante una situación, por nueva que sea, recurre a esa conexión, es decir, repite el mismo pensamiento una y otra vez y da las mismas respuestas, su cerebro no cambia, vive con la misma mente cada día. La investigación científica de vanguardia está mostrando que la genética tiene la misma plasticidad que el cerebro. Los genes son como interruptores, y es el estado químico en que vivimos el que hace que algunos estén encendidos y otros apagados.

Dr. Dispenza: Usted ha estudiado las curaciones milagrosas… ¿Qué conclusiones ha extraído?

Después de estudiar remisiones espontáneas y milagrosas, hay cuatro cosas en común entre la mayoría de las personas que han tenido una remisión de su enfermedad.

“Lo primero, es que todas ellas aceptaron y creyeron que había una inteligencia que vivía dentro de ellas, llámalo inteligencia espiritual o inteligencia universal. Todas estas personas aceptaron que había algún orden innato que les estaba dando vida; y razonaron que no había nada místico sobre la inteligencia, la cual mantenía su corazón latiendo, digiriendo la comida, creando nuevas células cada día. Básicamente les daba suficiente vida y podían interactuar y conectar con esta inteligencia y dirigirla para que les hiciera la curación. Razonaron que se habían distanciado de este nivel mental, esta mente superior, y que si podían empezar a desarrollar una relación con esta mente y acercarse más a ella ésta asumiría el mando y empezaría a reparar sus desequilibrios”.

“Lo segundo, es que todos ellos aceptaban que sus pensamientos, su manera de pensar a lo largo de un periodo de tiempo (veinte o treinta años), sus reacciones, sus actitudes, crearon su enfermedad; que vivieron a diario con emociones y pensamientos destructivos de inseguridad, sufrimiento y minusvalía, y que estas emociones y pensamientos estaban literalmente rompiendo los tejidos. Porque cada vez que tenemos un pensamiento creamos una sustancia química. Si tenemos pensamientos grandes y felices creamos sustancias químicas que nos hacen sentir fantásticos y felices; si tenemos pensamientos negativos, de infelicidad o autodestructivos, creamos sustancias químicas que nos hacen sentir infelices y destructivos. Así que los pensamientos adoptan una forma química, y ésta da la señal al cuerpo de permitir sentirnos exactamente de la manera en que estamos pensando”.

“Lo tercero, es que se tenían que reinventar a sí mismas; decidieron hacerse algunas preguntas importantes: ¿cómo me sentiría siendo feliz? ¿A quién conozco en mi vida que sea una persona feliz? ¿Qué tengo que cambiar sobre mí mismo para vivir con alegría? ¿En qué punto de mi día me vuelvo inconsciente y negativo? ¿A quién admiro de la historia? Empezaron a hacerse preguntas importantes. Al hacerse estas preguntas forzaron a sus cerebros a empezar a pensar de nuevas maneras. Empezaron a interrumpir el programa de pensar y sentir y literalmente empezaron a construir nuevas conexiones neurológicas en sus cerebros, que actuaron como plataforma o escenario para convertirse en una nueva persona. Esa nueva persona mandaba nuevas señales (o sea las sustancias químicas de sus pensamientos) que empezaron a cambiar su cuerpo y su salud”.

“Lo cuarto, es que, cuando dedicaban tiempo a pensar y ensayar en quién querían convertirse, cuando se sentaban y se concentraban en ese individuo, tuvieron largos momentos en que perdieron la noción del tiempo y el espacio. En otras palabras, se concentraban tanto en lo que estaban pensando que cuando abrían los ojos y encendían la luz de la habitación esperaban que hubieran pasado diez o quince minutos cuando en realidad había sido una hora u hora y media, lo que significa que hicieron el pensamiento más real que todo lo demás. Cuando hacemos eso el cerebro empieza a rastrear estos cambios y a formular nuevas redes neuronales”. La mayoría de nosotros pensamos igual que nuestro entorno; reaccionamos a éste. Sin embargo tenemos que separarnos de él, ir a la soledad y crear un nuevo ideal de nosotros mismos con una nueva realidad y mantener ese sueño vivo y repetirlo una y otra vez para que el cerebro empiece a rastrear y estructurar esa realidad antes de que realmente la experimentemos con los sentidos.

“Es el entorno el que transforma nuestra biología”. Bruce Lipton.

Es decir que son nuestras creencias las que modelan nuestra salud. Esto es lo que se denomina la nueva Biología Cuántica. Si a una persona enferma o una célula enferma, le cambiamos el entorno o medio ambiente negativo o de enfermedad, por un entorno positivo y saludable, entonces se cura. Los genes no son la clave para controlar la vida. No somos víctimas de la herencia genética. Los medicamentos que tomamos para curar una enfermedad causan muchos problemas y efectos secundarios nocivos  en el cuerpo, porque ellos por sí mismos no solucionan la enfermedad, no curan. La razón es que ésta medicina basada en la farmacología no entiende como está inter-relacionada toda la bioquímica del organismo. Simplemente meten la sustancia química en el cuerpo, pero las relaciones químicas dentro del cuerpo humano son muy complejas.

Cuando tomo una pastilla no solo afecta la parte de mi cuerpo en cuestión, sino que afecta a muchas otras cosas a la vez. Son los llamados efectos secundarios, pero que en realidad son efectos directos. O sea que se producen efectos múltiples.

Según las estadísticas en los Estados Unidos, al año los fármacos matan a más de 300.000 personas. Y esas personas son muchas más que aquellas que mueren por tomar drogas ilegales. Hay algo que no funciona, no saben cómo funciona la biología del cuerpo humano. Aunque la medicina convencional es muy buena en traumatología.

¿Qué controla el destino de las células? El entorno. Células sanas en entorno negativo se enferman. Células enfermas en entorno positivo se sanan. Esto demuestra que lo que refleja una célula es lo que le está sucediendo en su entorno. No hay que darles medicinas para cambiar la composición química de las células para que se curen. Los genes no controlan la vida. Es el entorno lo que la controla.

El ser humano se compone de más de 50 billones de células. Ellas son alimentadas por los químicos que circulan por la sangre. Estos químicos en la sangre son controlados por el Sistema Nervioso. Por otro lado, la mente lee e interpreta el entorno, y el cerebro es el órgano que recibe las señales desde el exterior. Si estamos en un entorno sano pero la mente lo interpreta como nocivo, el cerebro producirá químicos que enfermarán el cuerpo. O sea, la mente interpreta el entorno con error y la célula lee ese entorno con desarmonía de la vida, por lo tanto se enferma. De esta manera puedo entender el efecto placebo. Creo que una píldora me alivia, la tomo y me siento mejor, aunque la píldora sea de azúcar. Por lo que podemos afirmar que la mente tiene poder para sanar.

 

Si aprendemos a desprogramar desde nuestro inconsciente, aquellas creencias erráticas y encontramos la emoción programante que provoca la enfermedad en nuestro cuerpo, nos sanamos.